Desagües

Qué chungo mi post de ayer ¿no? Sería maravillosa esa coherencia de solo escribir cuando estás bien y lúcido, pero es que no me sale. Se lo decía ayer a Antón. Yo siempre tengo algo que escribir. Nunca me quedo en blanco. Pero hay muchos, muchos, muchos días en los que no quiero leerme. En los que solo me apetece meterme en una caja y que alguien cierre la tapa. Por eso me gusta entrar aquí a decir cosas. Porque no hay ecos y todas mis tonterías se van depositando en el fondo sin más. Sedimento de tonterías en las que rebozarme. No entiendo que haya gente que no tenga blog. Es lo más maravilloso del mundo mundial.

Bueno, en estos momentos soy rico. Me han ingresado el dinero de la venta de la casa. Dos semanas para comprar la otra, así que es un dinero de quita y pon, pero ahora mismo mi cuenta corriente no parece mi cuenta corriente. Jon me ha donado mucho dinero para que yo sea co-propietario. La anterior vez no quise serlo y eso nos llevó a nuestra primera discusión en siete años. Esta vez he aceptado a la primer. Porque no volveré a abrir la herida y porque vale. Bueno. Tuyo, mío, nuestro. Si le pasara algo a él, estaré yo, y si me pasara algo a mí, estará él. No siento la dignidad tan férrea como hace un año. Supongo que me estoy volviendo pragmático. O quizá es que le quiero mejor.

Bueno, pues eso. Ahora soy rico eventual. Si pudieras verme, papá… si asomaras desde el infierno por un agujerito… Anda que no te reías de mí. «¿Y tú qué vas a hacer cuando termines el instituto?» «Iré a la universidad.» «¿Para qué?» «Para ganar dinero.» «¿Haciendo qué?» «Podría ser escritor.» Te descojonabas de mí. Te reías a boca abierta, enseñándome las encías pelonas. «Pero si no vales ni para puta…escritor dice…» Te agarrabas las pelotas sobre el pantalón azul mugriento. «Escribe esto. Gilipollas. Mira el imbécil lo que dice… escritor…» Pues no. Escritor no soy. Ni lo seré, claro. Pero las cosas no fueron tan mal. Voy a tener casa. Seguro de vida. Testamento. Personas que se preguntan dónde estoy cuando no estoy. Oye, es más de lo que tú tuviste. Que faltabas semanas enteras y yo ni te buscaba. Venían las putas del 45 a traerme comida, y tus perros a traerte las papelinas. «¿Dónde anda?» «No lo sé.» «¿Pero le has buscado?» «No.» «¿Y entonces?» «Ya volverá.» «¿Y si se ha muerto?» «Pues ya me lo traerán.» No caía la breva. Siempre volvías. De noche y arrastrando, como los vampiros.

No sé qué coño hago a estas horas hablando de ti. No sé qué coño hago todavía recordándote. Está claro que me está costando superar la luna llena.