Cajas 1 – Ariel 0

Antes de irse, me dijo Jon que procurara salir a correr un poco estas noches cuando volviera del trabajo, para evitar los picos de stress y poner un poco a salvo la cabeza de esta lluvia de meteoritos que está siendo marzo. No era del todo mala idea. Lo hice dos veces y me fue bien. Así que hoy he venido del médico, me he puesto las mallas de correr, las zapatillas, la camiseta térmica, he cogido el ipod, los cascos, el pulsómetro, he pasado por la cocina a beber agua, he visto la tarta de queso, me he comido un trozo, al guardarla he visto el jamón serrano, me he comido medio paquete, he abierto una cervecita, me cortado media barra de pan, he sacado el roquefort, me he puesto ciego, he salido de la cocina (por fin), al pasar por la tele he visto que estaba Pedro viendo Pasapalabra, me he quedado a mirar apoyado en el sofá, me he sentado, me ha entrado un sueño de puñetas con la digestión, me he tumbado, me he quitado las zapatillas… y me he quedado ahí como una seta.

Hoy para combatir el stress sustituyo las endorfinas por el jamón serrano. Así lo han querido los dioses del destino. Quién soy yo para contradecir a un dios ¿no?

El traumatólogo me ha dicho que tengo un quiste en el tendón que me está entorpeciendo el tunel carpiano y que por eso se me encasquilla el dedo. «Solo se soluciona operando.» Yo me he puesto en plan plañidero y le he dicho que me venía muy mal porque me estaba mudando, porque no podía tener la mano inutilizada, porque fíjese usted pobrecito yo que voy a hacer ahora con tantas cajas y sin mano etc. etc. Así que al final me ha mirado compasivo y ha dicho «bueno… vamos a probar con unas filtraciones de antiinflamatorio en la zona para ver si logramos romper el quiste. Si no, ya pasaremos al plan B que será operarte la mano.»

He pasado por la farmacia para comprar el inyectable y la jeringuilla. La aguja parece una banderilla de torero. De hecho, viene a ser como unas 18 jeringuillas de insulina gatuna juntas. En qué puñetera hora no me ha comido la lengua un cerdo. Ahora, en vez de estar tan pichi y tan feliz, en mi quirófano con mi gasecito adormidero y mi vía intravenosa tralarí-tralará, tendré que estar sentado en una silla mientras un señor me clava una aguja del grosor de un pirulí en la palma de la mano. Maravipendo y fantabuloso. No sé si le puede faltar ya algo más a este marzo glorioso.

Necesito cajas.  Dónde hay cajas. Quién me da cajas. A mí las cajas.