Ferlosio y el cartón

Ha muerto Sánchez Ferlosio y leerlo en las noticias me ha traído de vuelta un sabor amargo. Siempre odié a Sánchez Ferlosio. Por un azar completamente absurdo. Simplemente, una persona relevante en mi adolescencia a quien yo aborrecía profundamente, me regaló El Jarama por mi catorceavo cumpleaños. Y con mi odio hacia esa persona, se arrastró mi odio al libro y de ahí mi odio al escritor. Agrupando el otro día mis libros de arriba para empezar a hacer cajas, encontré de nuevo aquel libro dedicado en su contraportada, y pensé en echarle una cerilla y olvidarme para siempre él, pero me dio pena. Realmente, ni Ferlosio ni El Jarama tienen la culpa de nada. De hecho, en realidad, es un gran libro de un gran escritor. Así que igual lo que debería hacer es volverlo a leer desde la perspectiva del Ariel actual, ese que ya no tiene miedo de apagar ninguna luz, y matar al hombre del saco de una puñetera vez.

Bueno… ahí lo he dejado, con su portada verde moco y su dedicatoria escrita con estilográfica. Igual cuando haya colocado la última caja de mudanza en la casa nueva.

Ahora mi obsesión son las cajas. Las voy recolectando de todas partes. Contenedor que veo, contenedor que asalto. Cualquier día salgo en los periódicos linchado por algún rumano trapero por un quítame-allá-ese-cartón. Pero es que necesito unas 120 cajas (así, a ojíbiri) y he logrado recolectar 28. No te digo ná lo que me falta todavía por conseguir. Esto parece la gymcana del deshecho. Cuando las tiendas cierran, voy como un perrillo olisqueando por las puertas para ver si alguien ha sacado algo que me pueda servir. Jon es mucho más pragmático. Dice que compremos 5 ó 6 packs en Amazon y tirando millas. Pero es que me cobran euro y pico por cada caja y me parece el timo de la estampita. Por no hablar de las empresas de mudanzas que llegan a cobrarte hasta dos y pico. No pago dos euros por una mierda de cartón ni jarto vino. Así que, nada… hasta que me pase lo del linchamiento rumano, sigo con mi asalto de contenedores.

No se me han quitado los mareos. Ya no son tan intensos como para irme al suelo, pero sí me dan un uyuyuy de vez en cuando. Hoy he ido a trabajar y el estar mirando la pantalla del mac me ha sentado fatal. Luego he tenido que coger el coche para ir a la central y me ha costado un huevo ir en línea recta. He tenido que parar y llamar a Jon para que viniera a buscarme y eso ha sido como un «susto o muerte» porque me ha echado una bronca por coger el coche, que solo le ha faltado azotarme con una vara de avellano. Mañana tengo cita con el médico del insalud para llorarle penas y pedirle las recetas. No sé bien qué demonios decirle. «No puedo trabajar, pero no quiero coger la baja. Haga su magia, maldito hombre blanco.»

Creo que lo único que me pasa, es que estoy estresado de tener estrés.