Habrá tiempo

Manda huevos que yo, que siempre me estoy quejando de lo mal que escribo por las noches, no haya aprovechado ni una sola de estas mañanas que he estado de baja… Mañana ya vuelvo al trabajo. Y supongo que al descontrol de stress. Aún así, me siento mejor. Quizá porque me ha dado tiempo a ordenar la cabeza, o quizá porque todo está tan cerca que ya el pánico no sirve de mucho.

Seguimos haciendo cajas. Hoy Jon ha estado pactando con Pedro. Pedro. Nuestra principal preocupación. La cosa ha salido bien, y ha aceptado recoger sus cosas y pasar un par de semanas con mi suegra mientras nosotros vaciamos la casa y nos establecemos en la nueva. Supondrá que yo tendré que coger el coche todas las mañanas para poder llevarle al instituto, porque Jon entra a las 8:00h, pero bueno… Mejor eso que un niño en crisis en mitad de un traslado. Ya me apañaré.

Creo que en estos días estoy diciendo «ya me apañaré» más veces que en toda mi vida. Y mira que realmente ha sido una vida de apañarme.

Ya nos hemos deshecho de un montón de trastos. Yo los vacío y Jon los desmonta. Y luego los vamos llevando al punto limpio. Aún así nos queda un universo por sacar y vaciar, y la fecha se acerca. No-nos-va-a-dar-tiempo.

Ando mitad angustiado-mitad ilusionado. Ilusionado por tener habitaciones más grandes, cosas más nuevas, espacios más tranquilos. Angustiado porque veo que se me empuja al precipicio y no tengo ni abrochado el paracaídas. Ver a mi jefe mañana tampoco me motiva. Ni reecontrarme con mi clase. Es como si tuviera una carga de energía limitada cada día y no fuera suficiente para irrigar todo lo que tengo pendiente. Por de pronto, me olvido de sacar mis asignaturas. No puedo presentarme a los exámenes. He faltado a clase una eternidad y no llevo preparado ni un tema. O meto el turbo en septiembre o me olvido por este año de la carrera. La verdad es que pensé que me sentiría peor por eso, pero no. Debe ser que tampoco tengo energía para irrigarme la pena innecesaria. Ahora todo es casa-casa-casa-casa-casa…

Está bien tener a Jon. Es el eterno optimista. De vez en cuando me sonríe y dice «Qué bien va todo ¿eh?» Yo le digo «Estoy pensando que voy a perder el dinero de la matrícula y de la beca.» y él me mira y dice «Sí. Bueno. Tranquilo. Habrá tiempo.»