Ouch

Hoy me han hecho las infiltraciones en la mano chunga, así que estoy escribiendo esto con dos dedos, como el gato pianista del whatsapp.

Con la dispersión que tengo en mi cabeza estos meses ni siquiera sé si te había comentado que tengo una mano chunga. Hace un par de meses empecé a despertarme por las mañanas con el dedo corazón de la mano derecha dolorido y engatillado hacia abajo, como spiderman, y el traumatólogo me dijo que era un nódulo en el tendón. Me han infiltrado esta mañana (en la mano, no es que ahora yo sea un espía por el mundo) y sí en tres semanas no tengo mejoría, tendrán que operarme para quitármelo. Pero bueno… en principio yo tengo fe. Fe y mucho daño ahora mismo en la palma de la mano, porque me han metido ahí un pedazo aguja de las de enhebrar maromas, con un dolor jodido y rapidito. Nada. Dos o tres estrellas y alguna constelación. Lo justo que he podido ver en los diez segundos que ha tardado en distribuirse ahí dentro la anestesia. Y luego me he ido a dar clase con los dedos dormidos y la mano en plan garra contrahecha. Ha sido muy bonito intentar agarrarme en el autobús con los libros en la izquierda y sin tacto en la derecha. Si al menos hubiera sido alto, habría podido estabilizar mi posición clavando los dientes en el cráneo de alguien, pero nada. Ni ese consuelo he tenido. Al final me he limitado a abrir las piernas en plan John Wayne y aguantar como he podido hasta que ha empezado a haber hueco y he podido abrazarme a la barra como si no hubiera un mañana. Lo cierto es que hubiera sido bastante más inteligente por mi parte simplemente fumarme la clase un día más y dejárselo a la otra profesora (que de paso la mujer se saca un plus), pero tenía ganas de ver a mis alumnos y comprobar qué tal habían funcionado estos días sin mí. Me los he encontrado cantidad de dramáticos, quejicas y protestones. El cóctel de hormonas adolescentes con profesora autoritaria, les ha ido fatal. Se han tirado cerca de media hora contándome peleas y tragedias. Las peleas y tragedias no son lo mío. Para mí el ser humano es demasiado complejo como para tomármelo en serio, la verdad. Pasamos de la risa al llanto, del llanto a la ira, de la ira al odio, del odio al amor… Realmente no merece la pena darle gravedad a ningún estado emocional. Somos maravillosamente poco importantes.

Pero claro, eso no se le puede explicar fácilmente a alguien de 15 años. Es una edad en la que el mundo parece algo indestructible, grave e infinito. Necesitas tiempo y perspectiva para entender que en realidad no es más que un puñetero parque de atracciones.

Bueno, pues mi garra dolorida y yo hemos calmado ánimos, hemos reorganizado al grupo, hemos sacudido tontunas y nos hemos puesto a trabajar. Tengo un contacto en un centro cultural de barrio pequeñito que a lo mejor me consigue un teatro para la función de verano. No sé aún bien cómo, pero voy a mantener las clases por lo menos hasta que terminemos en junio. Luego, ya veremos qué coño hago. Dependerá de la reducción de jornada que pueda conseguir en mi trabajo number one.

El yaveremosquécoñohago terminará convirtiéndose en el lema de mi escudo de armas.