Más madera

Bueno, esto se acaba. O mejor dicho, esto empieza. Ya tenemos comprada la casa. Se solucionaron los problemas, tuve que respirar en una bolsa un par de veces más y ¡alehop! ya soy copropietario. Primera vez en mi vida que tengo algo. Bueno, segunda, si cuento mi SUPERCOCHE DACIA DE LA HOSSSSSSSSSSTIA que me costó 8.000€ hace nueve años. Ahora tengo una supercasa. Esta sin coñas. Es supercasa de verdad. Aunque también es cierto que la tengo porque a Jon se le puso en la punta del nardo y esta vez no quise negarme, ni abrir heridas cerradas. Así que aquí estoy. Dueño de un 50% de la casa de los cinco pisos con manzano. Hemos cogido diez días de vacaciones para capear el primer temporal. El lunes iremos a por las llaves y a cambiar cerraduras para ir recibiendo ya a los alicatadores, a los del aire acondicionado, a los pintores… Y luego nos pasaremos por el Ikea para ir comprando cachivaches. Antes de eso, nos espera un fin de semana de terminar de empaquetar, de desmontar, de llevar trastos al punto limpio…Pero ahora me noto con otro espíritu. Supongo que porque ya hemos puesto en marcha la locomotora y por fin no se trata de adivinar los problemas en la distancia, sino de ir superándolos sobre la marcha. Además tengo ilusión. Los reseteos de vida siempre me han sentado bien. Me gusta cambiar, siempre lo he dicho. No es solo que no me asuste. Es que lo necesito, de vez en cuando. Necesito el susto y la montaña rusa. Me mantienen vivo.

Jon sigue contento y tranquilo. A diferencia de mí, él mantiene la misma actitud desde que esto empezó. La chica del banco, el día de la firma, me dijo «tu marido es estupendo, resulta maravilloso poder tener a alguien positivo que tire de ti». Bueno. Sí. Quizá. Aunque también te digo… Un poco de pánico inútil de vez en cuando no viene mal a nadie. Y hundirse al alimón tampoco, no te creas. Te hace verte un poco menos idiota. Más cerca de lo humano, que de lo divino. Pero bueno, bien. Jon sigue positivo, estable y acertando en todos sus cálculos (el mamón). Ha guardado un mosaico blanco para que practique mi lettering y le ponga nombre a nuestra casa nueva. Dice que lo pondrá en el porche. El nombre está aún por decidir. En el visor de nuestro teléfono inalámbrico teníamos puesto VILLAGATOS, así que igual escribo ese (espero que los perros no terminen amotinándose y haciéndome un escrache cuando salga al mercadona, o algo así).

También tengo ganas de dejar de ser autotemático con la puta casa p’arriba y la puta casa p’abajo. Gracias por toda la paciencia que estás teniendo conmigo. Te regalaré algo. En el trastero hemos encontrado seis muletas, un hornillo eléctrico, dos mapas de carreteras de los años 90, una olivetti automática, unas aletas de buceo, un muñeco Michelín de gomaespuma, un serrucho oxidado, una caja de azulejos sobrantes de girasoles, un rollo de sintasol, una bolsa de sombrillitas de cóctel y una katiuska derecha sin cordones.

Hala. Elige.