Centrarse

Los gatos rondan como alma en pena por toda la casa miaou-miaou-miaou-miaou. Hasta que entran en un cuarto, me ven y se callan. Así que me imagino que en realidad me están diciendo ARIEEEEEEEEEEL… ARIEEEEEEL… DÓNDE ESTÁAAAS… QUE ESTO ES MUY GRANDEEEEEE…

Van acostumbrándose. Los perros lo llevan bastante mejor. Se hacen a estar donde estés tú, en cero coma. Pero los gatos llevan su ritmo (como los locos). En estos momentos andan en el proceso de reconocer la casa, ahora que ya han descubierto que no hay ningún enemigo que les pueda atacar desde ninguna esquina. La próxima semana será de exploración y la siguiente de festival. Ya he tenido que sacar a Hocus Pocus tres veces de dentro de la chimenea. Le parece un lugar fabuloso para dormir la siesta, a salvo de monstruos y dragones. Bien pensado, en cuestión de ralladas, se parece un poco a mí. Al final he tenido que taparle la entrada de la chimenea con cartones. Ha puesto una expresión absoluta de mecagoentuputamadre. Creo que esta noche le caigo un poco peor. Yo sigo contento. Ahora voy con Jon al trabajo. Hacemos juntos la hora de carretera y luego le dejo en Moncloa y nos vamos cada uno por nuestro lado. En poco su traslado será efectivo y ya no podremos ir juntos, pero por ahora lo disfruto y aprovecho para ir aprendiéndome el camino. Nunca estoy a salvo de perderme cuando voy solo en el coche. Tengo un don especial para meterme siempre por el desvío que no es.

La casa va hacia delante. Quedan muchas cosas. Muchas. Millones. Infinitas. Nuestra frase preferida de estos días es «poco a poco». Uno enumera las catástrofes y el otro siempre responde: poco a poco.
«Nos faltan las tapas del váter.» «Poco a poco.»
«Pues va a haber que guardar las sábanas en la nevera.» «Poco a poco».
«¿Me sostienes un espejo mientras me afeito?» «Poco a poco.»

Trabajar ocho horas tampoco favorece mucho lo de emplearnos en lo pendiente. Mis cuñados han dicho que vendrán el fin de semana para ayudarnos a poner las lámparas. Las lámparas que aún no hemos ni comprado. No te digo ya planificado. Pero por encima de nuestro descontrol, intentamos aparentar calma absoluta ante Pedro, que sigue revoltoso como los caballos cuando presienten tormenta.

Tengo todo el rato de estar en un hotel o en una casa de vacaciones. De que esto es eventual y luego me tocará volver a nuestra casa destartalada otra vez y a nuestro dormitorio de paredes juntas. A-ver-si-me-voy-centrando.