Dirección

Otra vez me dan las once de la noche y no sé ni cómo he llegado. Han llenado la piscina de ahí fuera. Un señor que recogía hojas, me ha dicho que probablemente la abrirían ya esta semana. Hemos llegado a Junio, pero…¿cómo demonios? En tres semanas, cogeré mis vacaciones. Este año adelantadas, para ir a ninguna parte. Hay demasiadas cosas que hacer. No lo digo con tristeza. Será maravilloso despertarse con los mirlos y salir a darme un baño. Probablemente sigamos sin estanterías y con media vida en cajas, pero bueno. Por lo menos ya habremos cerrado la otra casa. Porque hoy, HOY, A ESTAS ALTURAS DE MES, todavía estábamos terminando de sacar todas nuestras cosas de la excasa. De hecho, hace solo tres horas que hemos terminado de vender el viejo frigorífico, y hace dos, circulábamos por la A6 con ocho bolsas de platos y copas en el asiento de atrás. Esto ha sido una mudanza gitana. Inacabable. Me he despedido de Jokin con un abrazo estrecho y una bolsa de cortezas. Le hemos dejado algo melancólico. Dice que sin Gustavo en casa y sin nosotros en el barrio, ya no pinta nada allí. Ha puesto en venta la casa y ha pedido el traslado. Una vida puede cambiar mucho en dos años, igual que puede haber permanecido antes otros ocho años sin moverse ni un milímetro. ¿Ves qué tontería es seguir intentando manejar el volante?

Creí que sentiría nostalgia por irme, pero no. Nada. He hecho un vídeo de toda la casa vacía y me he rebuscado dentro alguna señal inexistente. En la vieja buhardilla (donde ya empezaba a notarse el calor) aún se dibujaban las colas de mis últimos lemures insomnes. Ahí me he sentado en el suelo polvoriento y he pensado «¿te quedarías, Ariel?» La respuesta ha sido rapidita y certera.

Jon está desbordante de trabajo. Ahora mismo compagina el antiguo destino con los comienzos del nuevo y no le da demasiado de sí la vida. Ha perdido dos kilos en el último mes, sobre todo por exceso de movimiento y por falta de horas de sueño. Todo debería regularse de aquí a un mes y pico. Mientras, le olisqueo la nuca como un perrillo en celo porque estos días vamos a destiempo y no puedo morderle todo lo que me gustaría.

No pasa nada. Vendrá julio. Vendrá Octubre. Vendrá Navidad. Y volveré a abrir mucho los ojos y a decir «pero…¿cómo demonios?»