Sobreviviremos

No sé si ya estás hasta los huevos de leerme escribir sobre la mudanza, la casa, los muebles y el stress. Imagino que sí. Pero es que todavía me queda mucho. Anoche estuvimos hasta las mil comprando cosas para montar en el Ikea. La casa está quedando bonita. Nuestro hígado no tanto. Jon me dice «hace ya cinco días que no salgo a correr, esto no puede ser…» ¿Cinco días? yo hace cinco semanas que no sé ni dónde tengo los calcetines.

He estado un rato sentado con Pedro y Simón en el jardín. Como no tenemos aún mesa ni sillas, he abierto una de las viejas tumbonas de loneta y nos hemos sentado en plan banco corrido, a beber cocacola y comer patatas (sí, mi dieta va chupi, gracias por preguntar). El árbol del vecino se descolgaba por nuestra valla. Le he dicho a Pedro que era un peral y él me ha dicho que era un níspero. Yo estaba cansado y con ganas de bufar, así que le he dicho que no. Que me hiciera caso, que eso era un peral. Y él me ha mirado con cara de nada… ha entornado los ojos… ha vuelto a mirar al frente… y ha dicho «no sabes mucho de nísperos.» Yo le he apostado una cena en el Gino’s a que aquello era un peral. Él ha dicho «acepto el pago.»

Así. El pago. Nada de «acepto tu apuesta» o «acepto tu trato.» No. El pago. Con dos cojones. La verdad es que es tan puñeteramente chulo, que resulta entre odioso y fascinante.

Por supuesto, era un níspero. Lo acabo de comprobar en el google. Pero vamos… aunque hubiera sido un cerezo de katmandú, igualmente habría dado lo mismo, porque en realidad es verdad que no tengo ni puta idea de árboles frutales, y no sé exactamente por qué me gusta meterme en estos fregados.Supongo que porque entre la estantería PLATSA y la mesa BESTÅ, uno necesita liberar sus ganas de asesinato.