Recalculando ruta

Ya está. Ya estamos todos empadronados. Ya no somos madrileños oficiales. Se me ha ocurrido que quizá era un buen momento para volver a quitar los polvos y las telarañas. Siento que no ando muy bien. Psíquicamente, sí, pero físicamente no mucho. Me dan bajones físicos, sin venir a cuento y porque sí. Anoche salimos a cenar al Mamba Negra (que no se llama así, pero podría llamarse) para celebrar la vuelta de Jon y cuando volvíamos la noche era agradable y yo me arrastraba. Eso es lo que me pasa. Que de pronto, me arrastro. Como si me pesaran las piernas, el cuerpo, la cabeza… Lo estaba achacando a que ahora mis gatos me despiertan a las seis de la madrugada, pero la verdad es que anoche dormí. Dormí mucho y bien. Y esta mañana después de las seis, he vuelto a dormir otro par de horas. Sin embargo, volviendo del Ayuntamiento, otra vez, he sentido que me arrastraba. Me he sentado de banco en banco hasta llegar a casa. Llegar a casa en este pueblo es fácil, porque todo está cerca, las aceras son anchas, el terreno es plano, el espacio abierto. Pero aún así, yo he ido sentándome y he vuelto a echarme a dormir una minisiesta a las dos de la tarde. No es muy normal.

No quiero pasarme las vacaciones durmiendo. Tengo que deshacer cajas, montar cortinas, colgar cuadros, poner lámparas…Tengo que podar el jazmín que no sé si es jazmín, y plantar hierbabuena para los mojitos, replantar el rosal, regar las yedras…

Y sobre todo tengo que escribir todos los días porque si no, la cabeza se me ensucia. Igual es eso. Que me pesa el excedente y por eso tengo que dormirlo. Ni te extrañe.