Mañana te hablo

No sé cómo hago para tener todo el puñetero día libre y terminar siempre posteando a las doce de la noche.

Me encanta mi mesa nueva. Caben cosas. No tengo que estar haciendo equilibrios con el vaso de los lápices y el gatovaca puede desparramar sus chichas sin estorbarme lo más mínimo. Creo que aún no soy muy consciente de lo que tengo con todo este espacio. Por las noches, cuando me acuesto, miro las paredes y me parece mentira que estén tan lejos. Arrastro todo el rato la sensación de estar en una casa de vacaciones. De que pasará el verano y tendremos que volver a la casa vieja de El Pardo y a sus habitaciones pequeñas. Y lo de la piscina no ayuda. Por el contrario, me hace sentir más huesped que nunca. Hoy estábamos tirados en el césped esperando a Jon, y me parecía increíble que simplemente tuviera que caminar diez metros para estar en la cocina de casa. Casa. No sé qué tiene que pasar para que deje de ser «la casa» y sea simplemente «casa». Probablemente, un invierno.

He hecho un club de lectura en twitter. No sé cómo, porque en realidad no sé cómo hago las cosas nunca. Solo lo digo en un minuto y en el siguiente está hecho. Hecho un chocho, claro. Porque sin planificación, las cosas salen como salen. Pero no puedo evitar el maraqueo de la improvisación. Me da la vida, qué le vamos a hacer. Soy incapaz de seguir un orden. Todas las pautas me vienen grandes y termino siempre desbordando por las esquinas. Mira… que por risas nunca quede. Ni por libros tampoco. ¿Sabes que hemos llenado toda la pared de estanterías billy y aún me quedan cuatro cajas que no sé dónde coño meter? Dice Jon que sopese donarlos a una biblioteca. No sé a cuál. Tengo tal zancocho, que igual podría donar el manifiesto comunista, que la Historia de O.

Hoy he cuidado lo que comía y no me ha dado bajona. Mientras ellos se ponían morados a lasagna, tiramisú y cocacola, yo he masticado pollo y ensalada y bebido agua con gas (perra vida esta). Tenía la vana esperanza de que luego me diera otra vez la pájara y poder decirle a Jon «¿¿lo ves?? ¡no tiene que ver con la alimentación!» pero no. He estado estupendamente todo el día y con las energías en la coronilla.

Perra vida esta.

Mañana viene Jokin. Va a pasar un par de semanas con nosotros para desintoxicarse el corazón. Le dijo a Jon que empezaba a no ver luz al final del tunel y Jon le contestó: «pues vente y a ver si te lo encendemos un poco.» Pues eso. Pues claro que sí. Contra la melancolía siempre mejor meter algo de ruido.