Orgullos e higueras

Estoy contento. El gatovaca ha respondido bien a la nueva dosis de insulina y está mucho mejor. Ahora mismo acaba de darse un revolcón con el otro, por culpa de un estearmarioesmío. Es muy buena señal. Todo lo que no sea estar tirado como una ameba, es muy buena señal. Eso significa que no le he matado del todo con lo de estar dándole durante años la insulina equivocada. Me he sentido tan culpable, que hoy le he comprado lacón del bueno. Del cortado a cuchillo, como si fuera un gato señorito.

Ya te imaginas qué tipo de padre soy ¿no? de los que primero prohiben y luego compran chocolate. Bueno… podía ser peor. Podría ser como el mío, que nunca te prohibía nada, pero luego te tiraba botellas a la cabeza.

Está mi suegra en casa. Se ha quedado a dormir y nos ha traído paté de cabracho y ensaladilla rusa. Mi suegra deja un reguero de tripas felices, allá por donde pasa. Hemos querido cenar en el jardín, pero el calor ahí fuera seguía siendo sofocante. Cuando he salido a sopesar la idea, me he encontrado la higuera hecha una lechuga. El encargado de regar las plantas esta semana se ha olvidado de regar las plantas esta semana (sí, por supuesto que soy yo. Quién iba a ser si no). He enchufado la manguera como un bombero frenético y lo he llenado todo de agua. La higuera, el rosal, el jazmín, los geranios, la mesa, los cojines, el columpio, mis pantalones, mis calzoncillos, mis zapatillas, los perros, el gato, un vecino que pasaba por la puerta… Cuando he subido la escalera, Jon me ha mirado levantando su ceja del «algo malo has hecho». He intentado poner cara de normalidad, mientras las suelas de mis zapatillas hacían pluitchi-plichts.

Tengo un don para olvidarme de las cosas últimamente. La semana pasada me tocaba sacar la basura, y no hubo ni un puto día que no terminara arrastrando la bolsa gigante por la acera, a la una de la madrugada. No es que sea una novedad increíble, yo ya era bastante desastroso con las tareas en nuestra excasa, pero la verdad es que últimamente he empeorado. No parezco ser capaz de recordar más de dos obligaciones en paralelo. Además, no logro recuperar ni un gramo de todos los kilos que he perdido y tengo el estómago desde hace días como una hormigonera en descontrol. Intento no tomármelo muy a pecho. Todos los terremotos tienen un posterior tsunami, y han sido meses muy duros.

Tengo que acompañar a mi suegra a la manifestación del Orgullo del día 6 y no me apetece una puñeta. Ojalá pudiera fabricar un clon.

Uno que se acordara de regar higueras.