Costureros

Ayer llevamos a Pedro al médico. Está raro. Le dan bajones físicos sin venir a cuento, en los que tiene muchísimo sueño y siente una opresión en la cabeza. Creemos que puede estar bajo de hierro o de alguna vitamina. En apariencia, emocinalmente está tranquilo, y su nueva habitación, que hemos cuidado al detalle para que le fuera apacible, parece hacerle bastante feliz, así que, sea lo que sea, parece tener un origen físico. La doctora le ha mandado análisis de sangre y de tiroides. Le han pinchado esta mañana y ha parecido quedarse tranquilo. Como si fuera lo que fuera, ya estuviera encaminado y pudiera desecharlo de su pensamiento. Mientras desayunábamos, ha hecho algo que me ha dejado completamente en shock; ha apoyado su cabeza en mi hombro. Es rarísimo que Pedro haga algo así. Odia la cercanía y el contacto. No he sabido cómo reaccionar, así que solo he extendido el brazo por detrás, y le he dado unas palmaditas en la espalda. Como el que consuela a un colega. En seguida ha vuelto a levantar la cabeza. Le he preguntado «¿estás bien?» y ha mirado hacia el suelo, esquivando la respuesta.

Pobre Pedro. Siempre saltando lo emocional, sobre el caballo de lo racional. Supongo que tiene que ser un poco agotador.

Por la tarde hemos estado comprado las lámparas y las cortinas. Les he dicho a Jon y Jokin que yo puedo coger el bajo de todas, con la máquina de coser. No sé por qué coño he hecho eso. No me acuerdo ni de cómo se enhebraba el hilo y mis experiencias con los trajes de la última función fueron terroríficos. Supongo que me siento un poco culpable de andar mirando como montan todo y no terminar ayudando en nada, pero vamos…que igual podría habérseme ocurrido otra cosa, porque ahora no va a quedar nada bien cuando colguemos las cortinas y descubran que me tienen que colgar a mí tambien con ellas, porque me las he cosido sin querer a la camiseta. Y Jon está acostumbrado a mis taras, pero Jokin… con ese todavía soy perfectamente susceptible de hacer el ridículo más absoluto.

No sé dónde puñetas tengo la caja de la máquina de coser. Si Dios existe, espero habérmela dejado en Madrid.