Melancolías

Hoy Pedro no ha tenido ningún bajón. Al contrario. Ha estado animado y activo. Manda huevos. A ver si lo que necesitaba el muchacho era que le sacaran sangre…

Hoy han venido los del rugby. Al principio no me apetecía una puñeta, pero luego reconozco que como primera visita en nuestra casa nueva, ha sido un éxito. Éxito de comida, éxito de diversión, éxito de público. Ahora mismo todavía están en el jardín, charlando a la fresca, y algunos nadando en la piscina. Jon está como un general, en el césped, vigilando que no hagan ruido que pueda molestar a los vecinos. No sé si Jon echará de menos sus liguillas de rugby y su entrenamiento del equipo femenino. Supongo que sí, pero no dice nada, ni parece melancólico. Jon nunca parece melancólico por nada. La melancolía no es uno de sus rasgos. Cuando deja algo atrás, lo deja atrás, y no se plantea nunca ninguna pregunta al respecto. Una vez, en una terraza de Cadaqués, hablamos sobre eso. Recuerdo los restos de sol naranja sobre los mechones de su cabeza y mi ensimismamiento. Dijo algo así como que lo de no mirar atrás, era un defecto que siempre había tenido. Yo le contesté que eso no era un defecto, sino un don muy valioso. A día de hoy me lo sigue pareciendo. Lo que queda a la espalda nunca sirve para nada. Hay que soltarlo y punto. Si no, te pasas la vida arrastrando los pies, como un gilipollas. Yo tampoco suelo hacerme preguntas, pero sí que a veces miro atrás. Tres veces más de lo que debiera y cinco de lo que me gustaría. Por eso cuando algo se me termina, sobre todo a nivel sentimental, siempre quemo mis naves. No guardo nada. Nada. Ni el más ligero rastro de cenizas. Así me evito tener nada que mirar si me muerde la melancolía.

Igual por eso llevo tantísimos años escribiendo un diario. Para no tener que recordar.

Estoy oyendo a uno de los del rugby diciendo en la terraza «se está de puta madre, esto hay que repetirlo…» Esta casa tiene buenas energías. Energías blancas. Las personas que entran en ella siempre se sienten bien. Mi sitio favorito sigue siendo el sótano. Sería un buen sitio para meditar, si algún día puedo llegar a controlar lo de los veinte pensamientos en paralelo.

He puesto a cargar la batería del micro. Se está quedando una buena semana para podcast.