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Mañana trabajar. Qué pereza rearrancarlo todo. Quería haber aprovechado mucho muchísimo el fin de semana, pero en realidad no he aprovechado mucho-muchísimo ni un solo día de las vacaciones. Aquí tengo las cortinas que quería haber dejado puestas. Hechas un gurruñito, junto a la cinta de medir. Lo intenté hacer ayer a mediodía y me lié cosa mala. Soy un hombre con máquina de coser y ni puta idea de costura. No sé cuántas cortinas necesitaré para asumirlo. Por la tarde vino mi suegra porque había quedado en llevarla al desfile del Orgullo a pitar a Ciudadanos (digo esto mucho y me suelen mirar torvo, pero es que te digo la verdad, es a lo que fuimos). Cuando vio el gurruñito de cortinas me dijo que se las llevaba y me las cosía ella. Jon dijo «dáselas, que ella las hace en seguida» pero yo me puse digno. «NONONONONO. YO LAS PUEDO HACER PERFECTAMENTE.»

No. No puedo hacerlas perfectamente. Ni imperfectamente tampoco, seguramente.

Tampoco he grabado el podcast. Esto ha sido un poco culpa del aluvión de visitantes y de que no encuentro el lugar adecuado para hacerlo. Debería ser en mi sótano fresquito de meditación, pero está al lado de la tele de los videojuegos, y tengo okupas un día sí y otro también. No me concentro. Tampoco sé exactamente qué decir, pero bueno, eso me pasa siempre, en realidad, así que no es una novedad. No sé. Creo que todavía estoy adaptándome a la casa y la casa a mí. Y vamos por buen camino, no te lo digo, pero aún nos queda. Anoche bajé a la piscina a la una de la madrugada. Yo solito con mis chancletas, mi toalla y mi llave piscinera, porque Jon estaba trabajando aún en la fiestuqui orgullera y Jokin me hizo el favor de vigilar a los cachorros. El agua estaba increíble. Calentita y cristalina debajo de los focos. Fue una experiencia guay. Luego estuve un buen rato sentado en el césped envuelto en la toalla y amargándome porque el lunes tenía que volver al trabajo. Y encima a uno nuevo. Volver a dejar de ser Ari para volver a ser Ariel Rüth Serlik. Y otra vez «fíjate el nuevo que va en zapatillas…» y el «tienes novia…» y el «yo tengo muchos amigos gais…» y el «pues vente a tomar una cerveza a la salida…» y ooooooootra vez a acomodarme, a raspar, a limarme, a volver a colocarme, a volver a raspar…

No tengo miedo, porque me he pasado todo el 2019 cambiando y ya tengo callo, pero la pereza es infinita.

Y luego en septiembre me tocará enfrentarme a que tengo que dejar a mis alumnos sí o sí, porque no llego a los horarios. A los mismos alumnos a los que les prometí en junio que no iba a dejarles colgados. Y ver qué cojones hago con las asignaturas del grado que también he dejado colgadas este año.

En fin… ¿me estoy agobiando a las 00.00h. de un domingo? me estoy agobiando a las 00:00h. de un domingo.

Y sigo adelgazando.