No tan malo

Al final no ha sido tan mal día (suele suceder). Mi nuevo trabajo no está mal. Los programas los controlo y me han dado una pila de cosas pendientes a mogollón, para que me las administre yo. Lo prefiero. No trabajo bien bajo vigilancia, ni bajo supervisión. De hecho, trabajando es la única faceta de mi vida en la que soy ordenado y metódico y no necesito que se me marquen pautas. Cuando he visto que me dejaban a mi aire, he dado gracias a Belcebú. También ha ayudado mucho que media plantilla se hubiera pirado ya de vacaciones y allí solo estuviéramos dos personas y un cactus. Las sillas vacías me han ayudado a explorar el sitio con calma y sin agobiarme. No he podido ver a mi jefa (mujer. Eso puede ser muy bueno, o muy malo) porque también estaba de vacaciones, así que solo he hablado con mi compañera más cercana. Es la viva representación del chonismo sureño. Alta, guapa, jaca, chillona, con extensiones negras hasta el culo, labios de pato rosa-rosae y garras de Rosalía. Y está tirando a loca. Habla a gritos y es cariñosa y vital. Me toca mucho. Demasiado. No me gusta la gente que me toca cuando habla, pero ella me cae bien. No sé por qué. Se ríe de todo con un crujido de cacatúa. Y te prometo que no he hecho ni un chiste ¿eh? pero es que todo parece hacerle gracia. Si se me cae una moneda al suelo y digo «ay, que se me caen los millones…» se oye retumbar su risa por toda la galería KAKAKAKAKAKAKAKAKAKAKAJIAAAAAAAAAC ¡¡LOS MILLONES!! KAKAKAKAKJIAAAAC…»
La primera vez que lo ha hecho, he pegado un repullo que se me ha ido la grapadora volando y casi me grapo un huevo. Luego ya, después de ocho o nueve KAKAKJIAC, he visto que era acostumbrarse o morir. Somos tres en el área. Espero que mi otro compañero sea como Bob el Silencioso. Molaría todo. Sería casi como caminar entre yin y el yang.

He tardado solo 20 minutos en llegar a casa y no me he perdido (algo tramo). Es bastante más razonable que lo de seguir en Madrid. Cuando he llegado a casa, Jon había montado en el jardín uno de esos pasillos de plástico mojado para deslizarse de barriga hasta la piscina y había como 350.000 niños probándolo entre María y María (y Maria, porque no veas si es rápida para ponerse a la cola). Me he puesto el bañador a la velocidad de la luz, pero para cuando he bajado, ya lo había desmontado porque casi eran las nueve (cagoentó), así que me he bañado como un hombre de (casi) 30 años y he dejado todo frustrado al zángano de 14 que habita en mí. Ese que va por el salón en patinete y siempre necesita peluquería. Ese mismo.

Necesito peluquería. Ya empieza a desaparecerme la nariz.

El agua de la piscina estaba caliente y gustosa. He nadado durante un rato laaaaaaaaaaaaaaaaargo laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargo y luego he subido a hacer galletitas, que se me han salido de la medida (desmesura, ven a mí) y han terminado siendo galletones.

¿Lo ves? No ha sido tan mal día.