Pis v.02

Estoy un poco repleto de galletas v.02 ahora mismo. Y también un poco salido, así que vengo a ser como una especie de Nerón flaco. Voy babeando a Jon por las esquinas. Como lleve en ese momento una camiseta un poco ajustada al brazo, me tiene que repetir las cosas hasta dos y tres veces para que atienda a algo que no sea su bíceps. Es lo que me faltaba ya para la guinda de estos días. El desequilibrio testosterónico. En fin…

Ya tenemos los análisis de Pedro. Todo bien, menos las transaminasas, que están relativamente altas. Mi suegra sospecha mononucleosis infecciosa. Le van a hacer un análisis vírico. Todo lo demás lo tiene ok. así que nos quedamos más tranquilos. Él no. Ahora tiene una nueva obsesión y desinfecta sus cosas, manos y dientes hasta cinco veces al día. Dice que no quiere contagiarnos. Le he explicado 85 veces que yo ya pasé la mononucleosis, y que además ni siquiera sabemos a ciencia cierta que sea eso lo que tiene, pero le pasa conmigo como a mí con Jon. Que me oye, pero no me escucha. Así que ahora nos limitamos a dejarle cerca el sanytol y a no entorpecer su camino hacia la desinfección integral.

Y hablando de desinfecciones… tenemos estos días Jon y yo el debate más idiota del mundo. Resulta que María usa nuestro baño. Ella tiene el suyo, pero está un piso más arriba, y como siempre va corriendo a todas partes, suele pasarse de frenada y terminar en nuestro dormitorio agarrándose el chirri y diciendo PISPISPISPISPISPISPIS. Eso nos crea conflicto moral, porque el hecho de que María tenga su propio baño es única y exclusivamente, porque es la única persona de la casa que mea sentada, ergo la única que no salpica. Y si a eso sumamos que suele «trepar» literalmente al váter con las dos manos y descolgarse de la misma forma (recordemos aquí que María mide y pesa lo que un oompa-loompa) pues claro… la vemos encaramarse sobre nuestros posibles restos de pises matutinos y nos entra el ahivadiós.
Total, que llevamos tres días debatiendo si meamos sentados, sin ningún resultado factible a la vista. Hacemos votación… yo voto que no… él vota que no… cerramos votación… nos quedamos pensando… «pero es que deberíamos»… «sí, yo creo que deberíamos…» Hacemos votación… yo voto que no… él vota que no…cerramos votación… nos quedamos pensando…

Así tres días.

No sé por qué no queremos mear sentados. Soy absolutamente incapaz de razonar por qué nos da ese mal rollo. Supongo que hay algún tipo de explicación antropológica o incluso sexual al respecto, pero hoy por hoy la única de la que dispongo es que somos dos gilipollas con algún tipo de tara mental. Y poco más que añadir al respecto.

Me veo teniendo que cambiar nuestro baño por el de María, y pasando el resto del verano duchándonos entre patitos, secándonos con toallas de maripositas, y sacándonos la churra delante de peppa pig. Por listos.