Eclipse

Esta noche hay eclipse. De luna llena. ¿Lo notas? Los ánimos están revueltos y la locura sale de la madriguera. La buena y la mala. No te tomes muy a pecho nada de lo que pase estos días. El calor, la luna llena, el apasionamiento absurdo… probablemente luego llegue el otoño a recordarnos que ni nosotros ni el mundo, es tan importante. Y lloverá, y vendrá el fresquete, y se hará oscuro, y todos nos calmaremos mucho. Volveremos a nuestros trabajos, a nuestros proyectos, a nuestros nidos…

No tengo ni la más mínima sensación de verano. Ni pizca. Pero este domingo cumplo TREINTA AÑOS así que es julio y es verano, y yo debería ir saltando por encima de tanta desubicación. Nos acordamos de cuando empezamos en esto ¿no? era 2005 y yo tenía 16 años. Mentía sobre mi edad, claro. Para protegerle, porque le quería y no podía meterle en problemas. Me contaron que gmail regalaba cuentas de correo (cuando gmail aún era exclusivo) si te abrías un blog en blogspot, así que todos nos lo abrimos, y te empecé a contar historias. Recuerdo la primera. Era una idiotez sobre tiburones y focas. No he parado de escribir desde entonces. Solo cuando enfermé y el mundo parecía que se me iba a caer a pedazos. Ya ves tú. Como si no se me hubiera estado ya cayendo a pedazos en aquellos 16. Acababa de morir mi padre, pero eso nadie lo sabía. Y todavía estaba en el piso tutelado con Teo, con Ramiro, con Federico… Luego conseguí el trabajo y me echaron de allí. Y me busqué la vida, y me enamoré de J., y J. me hizo un blog de color verde, y se cansó de mí (cosa fácil) y enfermé, y volví a escribir… Pero ya no contaba historias graciosas para hacer reír, sino simplemente los apuntes de mi día a día. Lo que comía, lo que vomitaba, lo que dolía, lo que no. Y salí (siempre salgo, aún me quedan cinco vidas de gato) y entonces vino Jon, y yo pensé «vale, el amor era esto en realidad» y la vida se volvió recta.

Cuando la vida se te vuelve recta…quédate con ese.

Tuiteaba hace un rato sobre las personas-red de trapecio. Llevo toda mi puta vida haciendo triples mortales. ¿Conoces la sensación? En el aire. Para estamparme, porque realmente, en ese momento tampoco te importa estamparte. Y de pronto resulta que te caes y alguien debajo te recoge. Y te levanta, y te sacude el polvo y te vuelve a poner en el camino. Y piensas «joder, ¿dónde coño estabas, que me has costado tanto, cabrón?»

Treinta años. JA. Fíjate. Jamás, JAMÁS, creí que llegaría ni a los 25.

Gracias, Jon. ¿Dónde coño estabas, que me has costado tanto?