Tres veces diez

Ya está. Ea, Ea, ya pasó. Ya tengo treinta. Treinta y el estómago como una lavadora. Tuve fiesta en el jardín con globos, guirnaldas, piñata y cigalas, y cenamos y bebimos demasiado. A las dos y pico de la madrugada aún estaba yo poniendo lavavajillas y recogiendo trozos de globo, y a las tres y algo, ya estaba tumbado en la cama, sudando como un pollo y desvelado por completo mientras mi digestión se tomaba una pausa dramática. Ha sido una noche mala de verdad, y hoy me ha costado sangre concentrarme en el trabajo. Por fin se ha ido la chica gritona y me han puesto a otro chaval. Tranquilo, silencioso, y de mi tipo favorito de compañero; ese que simplemente te deja en paz. Sigo sin relacionarme mucho con nadie. Me siento un poco pulpo en el garaje, pero será mejor que no me tome muy en serio nada de lo que pase en estas semanas de estos meses de este año. Estoy convencido de que sea lo que sea, en el 2020 mejorará. Sobre todo porque a peor no creo que pueda ir.

Jon me ha regalado un pepino de ordenador para jugar, dibujar, diseñar y trastear. Otro Asus como el que me regaló hace un año y pico (y que me robaron por tolai, aunque esa es otra historia y será contada en otra ocasión) pero mejor y más potente. Literalmente, vuela bajo mis zarpas. Llevaba varios meses tirando con el Vaio viejecito y la verdad es que al desenvolver ayer el papel de regalo y ver la caja, me dieron ganas de besar el suelo como el Papa. También me ha regalado unas zapatillas, dos camisetas y un viaje a Groenlandia (por ese orden). Del viaje ya te hablaré a fondo otro día. Va a ser como una ginkana, porque solo disponíamos de siete días. «Mochila y pateo, Ari.» Pues mochila y pateo. Si yo solo quiero pasar frío y estar contigo. Como si me llevas a recorrer el círculo polar ártico en bicicleta.

Anoche conocimos al nuevo ligue de Jokin. Tiene cara de susto y nombre de silbido. O cara de silbido y nombre de susto. Apenas dijo dos palabras, y una de ellas, fue «adiós.» No parece para nada alguien que poder ligarse en una fiesta del Orgullo. De hecho no parece nadie que haya podido ni estar en una fiesta del Orgullo. En un aparte, Jon le dijo a Jokin «Bueno, qué… ¿te has enamorado otra vez?» y él contestó «El amor no funciona así. »

Ya ves tú. Como si realmente el amor funcionara de alguna forma predecible.