Puzzles

No sé cómo estoy. A veces creo que lo tengo controlado, pero luego quito restos de pelos negros de mi mesa, o encuentro un bigote blanco en el sofá, o un resto de uña en la gatera y entonces otra vez se me hunde el pecho. Lo del hundimiento del pecho es una buena definición. Esa es exactamente la sensación. Como si alguien se me sentara encima de corazón y garganta. Le echo mucho en falta. Era un buen gato y siempre buscaba la forma de estar conmigo. Ahora estoy yo solo junto a un montón de espacios vacíos. En la cama… en el sofá… ahora mismo, junto a este ordenador… Me he acordado de mi gato Tripi, que también tuve que sacrificar antes de tiempo. Solía echarse encima de mi pecho, y me ponía las dos patas sobre la boca, para dormir. Han pasado años y aún le sigo llorando. No sé cuánto va a durarme ahora esta congoja. Es congoja sumada a la congoja. Recongoja. Remierda. Qué puta semana de qué puto mes de qué puto año.

Hoy ha sido fiesta local y no he trabajado. Me ha venido bien, porque me he levantado con los ojos como los de un Mr. Potato puesto de crack. Hubiera tenido que dar alguna explicación en la oficina y no estoy para muchas explicaciones. No estoy para muchos nada, realmente. Llevo veintitantas horas viviendo por inercia.

Los chicos nuevos son muy simpáticos. Valientes y desvergonzados. Uno vive para la pachanga y el otro bufa por autodeterminación. Te asomas y bufa. Le coges y bufa. Le pones a comer y bufa. No son bufidos agresivos. Son como un soplido. Fffff-fffff-fffff. Estoy bastante enamorado de él. Siempre me han gustado los gatos macarras. Es muy humorístico que suba por mi camiseta, me bufe y luego se desparrame a dormir bajo mi barbilla. Es como un «voy a quedarme aquí porque mola, pero sigues sin gustarme.» Le he llamado Django de la Cruz (la D es muda). Siempre quiere escaparse de todas partes, y tiene bigotes de Cantinflas, así que… Al otro le he llamado Lío Pachanga. También le define perfectamente. Aún no hemos podido llevarles al veterinario porque con la fiesta y el paseíllo de nosequé vírgen, aquí hoy cerraba todo. No podré vacunarles, ni desparasitarles, porque aún son muy pequeños. Les calculo 4-5 semanas. Pero sí debería hacerles cuanto antes la prueba de la inmuno. También debería darles un lavado. Los pobres estaban en un establo y huelen un poco a culo de vaca. Todos los cachorros huelen un poco a culo, la verdad, porque tardan un poco en ser diestros en lo de lavarse. Pero lo contrarrestan con grandes dosis de pocholez, así que no es algo que suela importarle demasiado a nadie. Y a mí menos que a nadie. Pasaría el resto de agosto con los dos subidos encima mío, jugando a ponerles nombres imposibles.

Estoy triste. Entre ayer y anteayer me desmonté en piezas, y ahora aún ando recomponiéndome. Hoy me he recompuesto los pies y las rodillas… mañana el estómago y la cadera… el finde me recompondré el tórax… el lunes reinsertaré el corazón…

Creo que dejaré el cerebro para el final. Con suerte, ya habremos llegado al otoño.

Mi cuñado perdió también a su gato la semana pasada (aunque el suyo tenía ya 21 años). Me dijo por whatsapp «no puedo ahora mismo coger otro gato. Es imposible. Me duele demasiado.» Las personas de un mismo mundo y de una misma familia podemos llegar a ser muy diferentes.

Yo no puedo ahora mismo no coger otro gato. Es imposible. Me duele demasiado.

Voy a ver si Pili y Mili se han dormido por fin en su nueva colchoneta.