Tormentas

María tiene gastroenteritis. No es ninguna sorpresa de la muerte, la verdad, porque cada día viene a tragarse más o menos medio litro de piscina. Pero le caído encima en un visto y no visto. No le ha dado tiempo a llegar al wc, así que he pasado las últimas dos horas limpiando explosión de… una cosa y explosión de… otra. Es increíble como un cuerpecito tan pequeño puede armar un festival tan grande. Jon estaba en el médico revisádose la polla (no es un eufemismo, es que ha tenido una dermatitis) así que he tenido que limpiar niña, pasillo y baño yo solo con mi amigo Sanytol y mi amiga mascarilla (con Pedro mejor no contar para según qué cosas). Nada más tirar el agua del último cubo, ha aparecido Jon por la puerta diciendo «No sé qué estás cocinando, pero huele fatal.» He dejado quemándose unas cuantas varitas de incienso allí dentro, pero aún así, hemos clausurado hasta mañana el baño de abajo como zona catastrófica. María acaba de quedarse dormida. He estado un rato con ella en la cama, leyéndole el pollo Paco, acariciando sus cuatro pelos y dándole de beber sorbitos de agua con limón y azúcar. Me gusta cuidar niños y cuidar gatos. Creo que, paradójicamente, estoy bien hecho para cuidar cosas. Para calmar tormentas y cerrar heridas.

Contar historias y calmar tormentas. No sé si puede existir un proyecto vital mejor que ese.