Cuatro

Llevo dos horas cocinando platos de la abuela Agra para llevarle mañana a mis compañeros. Soy un poco pelota, supongo. Pero ahora todavía somos cuatro gatos gracias a las vacaciones, y no me cuesta tanto relacionarme, como cuando seamos veintitantos. Además mis dos compañeros nuevos me gustan. Son divertidos y tranquilos, y soportan muy bien los silencios. Soportar bien los silencios es una cosa que me gusta mucho en las personas. Ya sabes. Cuando quieres estar callado un rato y no te sientes incómodo por ello, ni te ves obligado a mantener una conversación de ascensor.

Noto mucha diferencia entre esta ciudad y Madrid. No solo por el clima más fresco y el sol menos intenso, sino por el silencio y la falta de prisa. Madrid te contagia mucho el ritmo frenético. La gente corría mucho por los andenes para que no se les fuera el metro. Los que llevaban prisa y los que no la llevaban. No importaba demasiado tu situación porque nunca-había-tiempo-que-perder. Y con el tráfico era igual. Terminabas metido en la inercia de llegar antes, de rodar más rápido, de adelantar al lento, de no perder ni un segundo… Los primeros días que conducía por aquí notaba que nadie iba a mi ritmo. Jim me lo advirtió. Cuando se fue a Aragón me dijo que los primeros meses eran de adaptación a un nuevo ritmo vital. Me gusta este nuevo ritmo vital. Siento que los días tienen más horas.

Tengo tres preocupaciones. Bueno, cuatro.

La 1: No tenemos canguro y Groenlandia se asoma por el calendario. Mi suegra y mis cuñados se ofrecen y se reofrecen, pero no dejan de estar a 200 km. y vamos necesitando tener con urgencia un plan B. Las agencias han sido (por ahora) una mierda y los particulares un cuento de terror. Mañana viene una recomendada de una amiga de una amiga de un amigo de Jon K. Es una estudiante de enfermería. La verdad es que a estas alturas tampoco pedimos ya mucho. En principio, con que no participe en ritos satánicos y tenga los dos ojos en la misma dirección, nos bastaría.

La 2: El sábado vuelve Simón del campamento y no le he dicho que he tenido que dormir a Peyote. No quería amargarle la semana que le quedaba (de hecho, tampoco le hemos contado nunca que Matraka se queda como un ánima del purgatorio cada vez que se va). Ahora él vendrá, se lo contaré, llorará, yo lloraré también y en vez de ayudarle y razonarle que la vida es así de puta pero tiene sus chimpunes, lo único que conseguiré será terminar de hundirle. O sea, un planazo.

La 3: Hocus está raro. Se pasa el día durmiendo dentro del armario. Da igual cuál. El de nuestro dormitorio, el de Pedro, el de la buhardilla… Y maúlla extraño. Como afónico. No sé si solo está triste, si se está poniendo enfermo, o si se está poniendo enfermo de estar triste, pero de este puto 2019 del demonio me espero aún unas cinco o seis desgracias más, así que no puedo evitar estar mosqueado. Ahora le voy espiando por las esquinas como un acosador de gatos, buscando una señal. Es bastante posible que si no enferma, acabe de mí hasta los (inexistentes) huevos.

La 4: Estoy muy delgado. Parezco un yonki. Tengo que ordenar mis comidas, y tengo que hacerlo YA.