Diableces y reportes

Voy a hacer lo que no se debe hacer. Postear desde el trabajo. Y con aún más desfachatez. Postear desde el trabajo, cuando tienes un puto contrato eventual. Pero es que aquí no hay nada capado y, te lo juro, estoy solo-solísimo. Si la semana pasada éramos cuatro gatos, ahora somos dos. Mi compañero (el que me tutela después de que se fuera la kakajiacs) me ha dicho que en septiembre la cosa cambiará y se volverá mucho más estresante. Bueno. Pues aquí estaremos, o aquí esperemos estar. La verdad es que ahora mismo no tengo muchas otras opciones a la vista para pagar mi trozo de hipoteca, así que haré lo que sea. Ayer saqué un listado de las academias preparatorias de danza cercanas a casa para poder dejar mi curriculum. Salieron entre dos y ninguna, así que he tenido que ampliar el radio a toda la provincia. Aun así, mis oportunidades de que me salga algo para las tardes oscilan entre el 0 y el 1%, con lo cual, salvo que el actual profesorado se muera a mitad de curso, mucho me temo que voy a pasar un invierno bastante llevadero de tiempo libre. Jon me dice que me dé de alta en autónomos y dé clases particulares en casa. Obviamente, Jon se flipa en tres tiempos. Pero bueno… le agradezco el entusiasmo y la confianza ciega-cieguísima en mis dones como emprendedor. Ahora está en Canarias, y parece que la cosa va para largo, así que tengo a mi suegra de huésped echándome una mano con la tribu. Ayer le subí un somier y un colchón desde el sótano hasta el cuarto de María, para que no tuviera que dormir en la cama nido. Tardé casi dos horas en llevar todo arriba y dejé  la pared del hueco de la escalera como si en vez de un colchón, hubiera subido una manada de osos grizzlies rebozados en carbón. Qué mierda de macho alfa soy, hijo mío. De verdad te lo digo, menos mal que estoy viviendo en esta época y no en otra, porque a mí ya me habría aplastado un mamut lo menos veintiocho veces. No valgo pa ná. Y a medida que voy marcando costillar, menos aún.

Estoy cambiándome todo el cuadro médico al mogollón y deshaciéndome de mis últimos vínculos con la Comunidad de Madrid (reconozco que con mucha menos pena de lo que pensaba). Ahora tengo un nuevo endocrino que se llama Zurro. Me ha parecido cantidad de significativo.