Si vuelves, yo vuelvo

Jon no está para controlarme los tuppers y estoy comiendo como la mierda. Y como no tengo que preparar comida para la tribu porque mi suegra se cabrea si le piso la misión, los tuppers que me estoy preparando para el día siguiente son de nada con nada. De hecho, suelo acordarme de ellos cuando ya estoy metido en la cama y a punto de decidir que mejor si eso lo preparo mañana (en ese momento del mañana que nunca llega). Luego llega el amanecer, bajo corriendo a la cocina a tres minutos de tener que salir por la puerta (porque yo básicamente vivo siempre a tres minutos de tener que salir de todas partes) y arramblo con lo primero comestible que encuentro delante de los ojos. Y en el nuevo trabajo no tengo cantina, como en el anterior. Aquí lo que te traes, es lo que te comes y punto. Así que hoy ha sido una lata de atún, unos palitos de surimi con salsa de nada, dos plátanos y un trozo de pan. Lo  primero frío que he podido meter en la bolsa. Y también se me han olvidado los cubiertos, así que me he comido los palitos de cangrejo como Gollum. Por supuesto, luego llegaré a casa, soltaré los restos de biscotes y atún, mi suegra me dirá “¿Te dejo un tupper de guiso para que comas mañana?”, yo contestaré “¡No, no! no hace falta, lo tengo todo controlado…” y vuelta la burra al trigo.

Pierdo la cuenta de todo lo controlado que tengo descontrolado.

Hocus Pocus ya no maúlla con la hache. Solo era una faringitis por el aire acondicionado, y como estos días ya tenemos rascayú, ha sido apagar el aire, y encenderse el gato. Estoy haciendo auténticos malabares para poder darle el antibiótico sin que se lo coman también los otros dos. Básicamente porque los otros dos se comen TODO. Lo suyo, lo de Hocus, lo mío y si se tercia, lo de todo el Orfeón Donostiarra. Cualquier día me despertaré y me habrán devorado los deditos de los pies. Creo que nunca he visto a un ser vivo devorar de una forma tan inversamente proporcional a su tamaño. Espero que algún momento hagan tope y empiecen a comer menos y a crecer más. Por ahora siguen de tamaño pedo mosca, y siguen oliendo a culo de mono.

¿Pedos de mosca con olor a culo que pongo a dormir sobre mi camiseta, a los que dejo lamerme la nariz hasta que saquen hueso y que me salvan de la melancolía tarde sí y tarde también? Pues sí. Justamente de esos. O qué pensabas.