Nuestros agostos

Todavía posteo desde el trabajo. Sigo ventilando el ídem en dos horas y pasando el resto de la jornada haciendo nada con mi compañero. Supongo que luego llegará septiembre y echaré de menos todo esto. Hoy hemos estado haciendo lanzamiento de anacardos y animando calaveras en 3D con el Maya (ahí he descubierto que solo sé que no sé nada). A las tres de la tarde, estábamos él y yo solos en toda la planta. Y en la de arriba solo estaba la chica de recepción, así que… un precioso páramo de ordenadores vacíos y horas deslizantes. Mi jefa se ha marchado a las 12:30h. y ya no ha vuelto. No sé. Me desasosiega un poco, pero a la vez es bastante maravilloso. Quiero quedarme. ¿He dicho ya que quiero quedarme? necesitaría quedarme. Igual convocando a mis djins del caos. Todo lo que preveo suele salirme siempre del revés, así que…

Nocreoquemequede… nocreoquemequede… nocreoquemequede…

Sigo en el mantenimiento y puesta a punto. He descubierto que aquí todo es más barato y me estoy lanzando en plancha. Después del endocrino de nombre prometedor, he reservado dentista para reconstruirme el pico de la muela que me dejé con aquel guirlache asesino. Y antes de que termine agosto miraré si puedo apuntarme a natación en el polideportivo de aquí al lado. No necesariamente mucho. Una horita después de trabajar me bastaría. Me gustaba nadar cuando estaba en el instituto. Recuerdo mucho aquella sensación de silencio y de encerrarte en tu propia cabeza mientras ibas acompasando el sonido de tu respiración. Jon dice que todos los nadadores y corredores solitarios suelen ser personas raras e introvertidas, porque el placer del deporte está pensado para competir y relacionarte con otros. La verdad es que algo de razón lleva. Pero bueno. Mi asociabilidad no es ninguna novedad. Y llevo acumulando sobrados motivos para justificarla desde los quince, así que…

Y hablando de Jon, ya vuelve esta noche. Alegría, alegría y pan de Madagascar. Con suegra o sin suegra, le prefiero en casa, en el sofá, en la cama, en la cocina diciendo “suelta esa palmera AHORA”.

Me gusta escribir en agosto. Especialmente en esta semana desierta del día 15. Nadie lee blogs en agosto más que tú. Pero yo sigo (y seguiré) escribiendo para ti. Tú lo sabes. Yo lo sé. Supongo que eso nos hace poderosos a los dos.

Creo que no ha pasado ni un solo agosto desde hace años, en el que no te dijera que nadie lee blogs en agosto.