Ojos azules

Sí, claro que sigo contándote cosas. Seré para siempre tu contador de historias. Una promesa es una promesa. Y tú por ahora has cumplido la tuya.

Volvieron a subir los termómetros pero no de forma asfixiante. Solo se volvieron un poco más agosto. Pasamos todo el jueves viendo la temporada enterita de Sex Education. Se suponía que por la tarde íbamos a acercarnos a la laguna grande para ver a los patos (o patazos, porque los patos aquí son enormes) y llevarles pan, pero habíamos tenido antes la brillante idea de comer cocido con un día de más de 33ºC así que nos dieron las cuatro de la tarde y la digestión era como subir una montaña con mochilas de piedras, y bajo el sol. Como nos dormíamos en el sofá, bajamos las persianas del dormitorio y nos echamos pensando “nada…cinco minutos y nos vamos”, pero para cuando nos despertaron los perros lamiéndonos las orejas, ya eran casi las seis de la tarde. Así que ni patos, ni pan, ni ná. Nos quedamos viendo lo que quedaba de serie. Me encantó. Es muy raro encontrar series teens sin clichés teens. Y el protagonista se parece a Marcos. Supongo que te acuerdas de Marcos. Tenía los ojos separados y azulesblancos, como dos trozos de nube. Y perpetua cara de susto. Siempre se sentía feo y desgraciado. Tú una vez le dijiste que tenía ojos bonitos. Que por lo menos los tenía azules, y él te contestó “tengo los únicos ojos azules feos del mundo.” Y nadie de los que estábamos sentados en la cocina dijimos nada, porque todos en ese momento pensamos “mira, pues es verdad.” Solo el del esparto se atrevió a decir que no eran los ojos sino la mirada, porque estaban muy separados, y para cuando mirabas uno, te habías olvidado ya de que había otro al  lado (luego eso lo utilicé en el cuento que escribimos de la coneja blanca). Te encantó esa descripción. Soltaste una carcajada muy poco compasiva. No te gustaba nada Marcos, porque era tramposo y torpón. Le sobraban cuerpo y manos. Rompía las cosas y siempre se escondía las dos últimas magdalenas donde las fuentes del horno, mientras los demás nos conformábamos desayunando lo que quedara de pan candeal duro y mantequilla.

Ahora te imagino mirándome con la cejas arqueadas y diciéndome “¿pero cómo cojones puedes acordarte de eso?”

Nunca olvido una persona, ni sus palabras. ni los detalles que le rodearon en mi vida. Ese es el mejor de mis peores defectos. A veces los tengo dentro de la primera capa de pensamientos y los puedo emerger en seguida, y otras veces, sucede que los he dejado a resguardo debajo de dos, tres o cuatro capas de ideas o sensaciones. Pero no pasa nada, porque solo necesitan parecerse a un personaje de serie teen de Netflix para poder volver a la superficie. Y ya ves. Lo hacen siempre, más tarde o más temprano.

No. Tú no tienes que subir a ningún sitio. Tú siempre has sido un bicho realmente difícil de sedimentar.