Los mapas, Ariel

Ya se ha ido Jon. He estado calladito ¿verdad? bueno, sí. El amor, el sexo, y la vida en general, mejor sin pantallas retroiluminadas. Te lo digo yo.

Ya tengo el coche nuevo. Qué feo es. No el coche, el coche es precioso, pero el color ese de coles de bruselas puestas al sol, uf… Me he arrepentido mil veces. Me he arrepentido tanto que ya he decidido dejar de arrepentirme y poner los ojos otra vez al frente. Lo hecho, hecho está y situaciones desesperadas, requieren medidas desesperadas. Curiosamente, parece gustarle a todo el mundo menos a mí. Simo dice que es precioso, Pedro lo llamó “color agua”, Jon dice que no está tan mal, que es “diferente” (sin que aquí “diferente” parezca eufemismo de nada). Así que igual son mis ojos los que lo están mirando mal y el turquesa es superbonito. Bueno, qué más da. Tengo un coche verde. Pues verde que te quiero verde. No lo he cogido todavía. Llevaba el de alquiler aún, así que he quedado con el chico que esta tarde entregaba la albóndiga rosa y ya me acercaba a recogerle. Sigo en ansiedad anticipatoria. Desde el concesionario a casa son diez minutos. No me va a dar para mucho rodaje, así que luego igual dejo a los cachorros a salvo en casa y doy unas vueltas al pueblo. Las ansiedades me las suelo quitar mucho mejor solo, que acompañado. Me equivoco, me insulto, me perdono y halavenga. Ahora lo más urgente y necesario es aprenderme lo de la conexión del móvil. Los mapas. LOS MAPAS, ARIEL.