Aham-aham

Bueno, pues ya. Ya se ha ido. Hoy he traído el otro coche nuevo. Me hace gracia eso de que el ordenador me vaya diciendo qué marcha cambiar. Además aposté con él a que sería capaz de instalarle el ipod, y lo hice. Ahora me debe una cena. Me manda mensajes burlones. «En Groenlandia te la pago.» Ni hablar. Aún no sé qué se come allí y todavía me acuerdo del tiburón podrido de Reikiavik. No es nada motivador que te inviten a comer cabeza de foca bajo la luz de las velas. Quiero una cena con música, con vino, con «solos tú y yo y que nada se caiga, se rompa, enferme, grite, ni nos reclame.» Como en nuestro viaje de bodas patagónico. Aquello fue un torrente de promesas. No me quejo ¿eh? se cumplieron casi todas. Desde entonces he perdido mi anillo de bodas unas doce veces y el diamante negro de mi aniversario ahora es un piercing y un pendiente, pero aparte de eso… aquí seguimos. Al final hicimos buena amalgama. Nos hacía ilusión lo de llevarle la contraria al resto del mundo.

Me renuevan otros tres meses, hasta diciembre. No ha sido una sorpresa espectacular, ya lo esperaba. En realidad es la renovación de diciembre la que ya no me espero. Ahora tengo la cuenta extrañamente saneada. Bastante más que cuando estaba en Madrid. Todavía no sé por qué. Puede ser que aquí la vida sea más barata, o que simplemente, tenga menos tiempo y me compre menos camisetas por mes. Igual he logrado por fin convertirme en un hombre adulto, pero no canto victoria. Seguiré observándome hasta Navidad.

El viernes estuve en el dentista. Ahora tengo una doctora dicharachera, joven y simpática, así que me cuesta mucho tenerla miedo. Me dijo que tenía los dientes «impecables» y que se notaba que no comía mucho azúcar. Fui un ajqueroso cobarde y asentí en plan aham-aham, como si su afirmación llevara algo de verdad. También me dijo que la muela rota era del juicio y que no se podía reparar. Que la sacaría y punto. Me dio pena mi muela sin arreglo. Hasta el fatídico día del accidente-quico, siempre me hizo un buen servicio, la pobre.

Hoy tengo endocrino. Este no es joven, ni dicharachero, y me han dicho que tampoco simpático. Así que intuyo que que con él va a ser más difícil lo de tirar de aham-aham.