Esto

Sigo (o seguimos) redibujando este blog. Me operan dentro de tres semanas y luego voy a tener unas cuantas más de baja (o de paro) así que voy a tener tiempo de ordenar un poquito todos mis desvanes. Bien me viene, la verdad. Anoche fue Halloween y tuvimos que suspender nuestra fiesta. Primera vez en ocho años que no celebro Halloween. Y primera vez en ocho años que no saco ni un puñetero adorno. La verdad es que tampoco fui capaz de encontrar ni una puñetera calabaza en ningún sitio. Diría que los castellanoleoneses son menos dados a las fiestas paganas. O a divertirse, en general. De todas formas, me empezó el dolor a las diez en el cine, viendo Jocker, y ya no me abandonó hasta las cuatro o las cinco de la madrugada. No podía haber soñado con una noche de brujas más terrorífica. Me habían dicho que alternara el nolotil y el ibuprofeno cada 4h. pero creo que anoche entré en barrena mental. El dolor era agudo sentado, e insoportable tumbado. Desperté a Jon cinco veces, solo con el movimiento de caja-pastilla-blister. En todas me dijo «¿estás llevando bien la pauta?» y en todas le mentí «sí, sí, ya me toca.» Yo qué sé lo que me tocaba. Era como si me estuvieran atornillando consecutivos clavos en la mandíbula, el cuello, el oído, el hombro, los dedos… Me levanté varias veces y deambulé por la planta de abajo dando paseos. Fui el fantasma de mi noche de brujas. Bebí poleo caliente. Me cagué en los dioses. Intenté dormir en el sillón. Hacía frío. El cachorro estuvo un rato mordiéndome los calcetines. Volví a subir. Revolviendo en el botiquín encontré Diazepán. En condiciones normales hubiera dicho «esto no, que ya voy bastante chutado» pero aquellas no eran condiciones normales, así que me tragué el diazepán. Pensándolo en frío, casi fue un milagro que no me lo tragara con vodka. Me volví a sentar en la cama y desperté a Jon otra vez. Me hizo un cuchicuchi. «¿Estás bien?» pregunta retórica. En algún momento del amanecer me quedé dormido, gracias al príncipe Valium. Cuando me he despertado, me ha sorprendido que entrara luz por la ventana. Ahora me sigue doliendo, porque es largo, lineal y constante, pero con menos intensidad. No me apetece una mierda que vuelva la noche y la horizontalidad. En cuanto me tumbo, siento que todas mis conexiones neuronales chillan y palpitan.

Qué bonito 2019. Hasta el final.