Día argh…

Bueno, vale, me faltas, ya está. Hacía yo chistecitos cuando esto empezaba. Me parecía maravilloso trabajar en pijama, no dar dos besos, no salir de casa… Pero contaba contigo al otro lado de la cama. No veas qué grande se me hace ahora. Y eso que no estás para rodar por las mañanas y aplastarme en el intento. Ni para echarme la bulla cuando voy directo a las galletas. Ni para dejarte el champú abierto bajo la ducha y que se llene de agua. Pero mira, estas cosas van así. Uno se queja de todos los defectos de alguien hasta que le falta y descubre que en realidad no están tan mal. Joder tío… Hasta junio. ¿Hasta junio? ¿sabes que eso es una puta eternidad?

En casa todos estamos bien. Lo sobrellevamos con jardín, gominolas y puzzles. Las pistolas del nerf están muertas de risa. Sin ti no es lo mismo. Cuando yo estuve en el hospital la última vez me dijiste que sin mí no era lo mismo. Pues esto es igual. Quizá es que los dos nos hemos convertido en la espina vertebral de la casa sin darnos ni cuenta de ello. Quizá tú eres el hueso y yo los ligamentos que lo sujetan.

Dios… ya estoy con las gilipolleces. Yo que sé. Que quiero que vuelvas. Eso. Solo eso. Que esto resulta que al final no era tan divertido.