El impasse

Nos han hecho un paréntesis temporal en lo del traslado que podrían ser dos meses o dos años, así que hemos cancelado la venta de la casa. Yo me resigno a que todo el papeleo que llevábamos a los lomos no ha servido para N A D A y Jon hace gala de su budismo natural y se pone contento de poder dedicarse (ahora sí) al jardín y las chapus pendientes. Un cable que tapar, un cuadro que colgar, una grieta que cementar… Lo del jardín le pone especialmente berraco. Jon y las plantas, las plantas y Jon. Lo de dedicarse a meter árboles, como en Zarautz, está descartado porque nos terminaríamos encontrando sentados sobre las raíces para ver la televisión en el salón, así que ahora está A TOPE con los arbustos de flor aromática que combatan . Ha comprado un jazmín, un lilo y una dama de noche. «¿Qué es una dama de noche?» «Uno que cuando llega la noche huele muy bien.» Aham. Ok. Por fin un nombre en el mundo con sentido. También ha comprado una azada, 2000l. de mantillo, tijeras de podar, tutores, palas de trasplante y dos pares de guantes. Dos pares. Dos.

Si hay algo que tengo que reconocerle a Jon, es que su fe en mí es insondable.