Podar

Vengo de tomar el sol en el jardín como un lagarto. En calzoncillos de paragüitas. La idea no era quitarme los pantalones, pero se estaba muy bien y me daba un perezón de muerte subir otra vez tres pisos para buscar un pantalón corto. Cuando vivía en horizontal estas cosas no me pasaban, pero creo que era menos feliz. Me gusta vivir en vertical. Es como si tuviera más madrigueras. «Dejo la pena arriba, y me voy a la alegría del sótano.» Cosas así.

A mi espalda, Jon arrancaba plantajos invasores y estudiaba los foráneos. Dice que él podará la hiedra y el arbusto grande y yo los rosales. Ni siquiera sé de qué rosales me habla, así que yo solo abriré y cerraré los alicates  y cortaré aquí-aquí y aquí. Me ha comprado unos guantes con dibujitos de monigotes. Le he dicho que eran de chica y me ha dicho «no son de chica, son de niño.» Ah bueno, mucho mejor entonces, sí… Me he hecho el ofendido durante un tiempo prudencial. Al fin y al cabo no dejaba de estar ofendiéndome metido en unos calzoncillos de paragüitas.

Sigo sin ganas de desescalar. Sin pandemia nunca habría terminado de cambiar la plantilla del blog.