El dejà vú

No iba a escribir hoy, pero luego he pensado que igual me buscabas por la noche.

Estoy un poco agotado, y aún un poco en estado de embotamiento mental. Creo que anoche no reaccioné muy bien a tu noticia. O que directamente, no reaccioné. Me arrepiento un poco de mi cara de nada y de mis 125 suspiros. Igual esperabas un poco más de sal en las venas. Quizá esperabas ira, o pánico, o una actitud defensivo-pasivo-agresiva… pero no puedo decirte con sinceridad que sintiera nada de eso. Desde que me dijiste que nos íbamos de Madrid, ya entré en formato de conejo deslumbrado por los faros de un coche, y así ando desde entonces. Con las pupilas dilatadas y una paz premortal, esperando pacientemente a lo próximo que me atropelle. La verdad es que en el fondo no es una sensación del todo desagradable. Angustiarme sería peor y digo yo que en algún momento el tiovivo se parará de una puta vez y podremos rearrancar algo bajo algún techo. Digo yo.

En realidad lo único que me sigue importando es estar contigo. Así que vuelve de una vez, abramos una botella de vino, sirvámonos hasta la penúltima copa, intercambiemos estupores, y mantengamos una laaaaarga conversación sobre lo bonita y beneficiosa que llegará a ser nuestra vida a partir de febrero.

Te seguiré donde vayas. No sé si era lo que quizá debería haberte dicho anoche o si ya ni siquiera hace falta que te lo diga.

Mi sensación es que necesito un descanso de todo, menos de ti. Igual también te sigo en eso.

The sun will come out, tomorrow

Ningún feeling con el endocrino nuevo. Revisó mi expediente con frialdad empresarial, me hizo una serie de preguntas sobre mis hábitos alimenticios a las que contesté con la verdad más desnuda del mundo (cosa de la que me arrepiento un poquito), y me dijo que si iba a tratarme, me comprometiera a no hacerle perder el tiempo, porque «ya éramos mayorcitos.» Asumí el bofetón emocional con calma. La verdad es que tampoco esperaba que precisamente me comiera a besos, dados mis antecedentes. Si rebobino, creo que llevo sin hacer caso a un endocrino aproximadamente desde 2013. Y ahora mismo, en el camino de adelgazamiento absurdo y sin frenos que llevo, ya solo me queda desaparecer. Todas las mañanas tengo frío. Todas absolutamente. Mis reservas de grasas y chichas ya están bajo mínimos, y de aquí a muy pocos, MUY POCOS días, estaré durmiendo en un glaciar. No es que me vaya a dar tiempo precisamente a ponerme rollizo como una botillo, pero mira… lo poco que consiga…

Jon se agobia con lo del glaciar. Dice que deberíamos estar entrenando para lo de los crampones (aunque cuando dice «deberíamos» quiere decir «deberías») y no para de decirme que salga a patear campo todos los días, aprovechando antes de que se vaya Anisa por las tardes. Yo le digo que sí, que mañanamismoempiezo, pero luego llego a casa y lo que hago es ponerme el pijama, abrirme una cerveza, servirme un bol de ganchitos y tirarme con Simón y María a jugar al Mario Kart hasta que llega la hora de la cena (en la que por supuesto yo ya no tengo hambre). Llevo así las dos últimas semanas laborales y soy incapaz de evolucionar en nada más (de hecho, el único motivo por el que estoy posteando es porque lo hago desde el trabajo, aprovechando la hora tranquila del todo-hecho), así que llegará el día del viaje, llegará el día del vuelo, llegará el día de ajustarse mochila y crampones, y Groenlandia me masticará tranquilamente y luego escupirá mis huesecillos a los pies del Qaleraliq.

Atravesando Groenlandia en intrépida aventura, con Jon llevándome a caballito.

Aham-aham

Bueno, pues ya. Ya se ha ido. Hoy he traído el otro coche nuevo. Me hace gracia eso de que el ordenador me vaya diciendo qué marcha cambiar. Además aposté con él a que sería capaz de instalarle el ipod, y lo hice. Ahora me debe una cena. Me manda mensajes burlones. «En Groenlandia te la pago.» Ni hablar. Aún no sé qué se come allí y todavía me acuerdo del tiburón podrido de Reikiavik. No es nada motivador que te inviten a comer cabeza de foca bajo la luz de las velas. Quiero una cena con música, con vino, con «solos tú y yo y que nada se caiga, se rompa, enferme, grite, ni nos reclame.» Como en nuestro viaje de bodas patagónico. Aquello fue un torrente de promesas. No me quejo ¿eh? se cumplieron casi todas. Desde entonces he perdido mi anillo de bodas unas doce veces y el diamante negro de mi aniversario ahora es un piercing y un pendiente, pero aparte de eso… aquí seguimos. Al final hicimos buena amalgama. Nos hacía ilusión lo de llevarle la contraria al resto del mundo.

Me renuevan otros tres meses, hasta diciembre. No ha sido una sorpresa espectacular, ya lo esperaba. En realidad es la renovación de diciembre la que ya no me espero. Ahora tengo la cuenta extrañamente saneada. Bastante más que cuando estaba en Madrid. Todavía no sé por qué. Puede ser que aquí la vida sea más barata, o que simplemente, tenga menos tiempo y me compre menos camisetas por mes. Igual he logrado por fin convertirme en un hombre adulto, pero no canto victoria. Seguiré observándome hasta Navidad.

El viernes estuve en el dentista. Ahora tengo una doctora dicharachera, joven y simpática, así que me cuesta mucho tenerla miedo. Me dijo que tenía los dientes «impecables» y que se notaba que no comía mucho azúcar. Fui un ajqueroso cobarde y asentí en plan aham-aham, como si su afirmación llevara algo de verdad. También me dijo que la muela rota era del juicio y que no se podía reparar. Que la sacaría y punto. Me dio pena mi muela sin arreglo. Hasta el fatídico día del accidente-quico, siempre me hizo un buen servicio, la pobre.

Hoy tengo endocrino. Este no es joven, ni dicharachero, y me han dicho que tampoco simpático. Así que intuyo que que con él va a ser más difícil lo de tirar de aham-aham.

Me cierras los domingos

He cenado dos cervezas. ¿Estoy depre porque se va? Estoy depre porque se va. Ha sido un fin de semana bonito. Hemos salido a correr, hemos nadado en la piscina, hemos ido a comer al asador con Elías, con Gorka, con Roberto, hemos visto que llovía a lo lejos sobre la montaña… Se ha reído de mi coche nuevo, hemos ido a recoger el suyo, me ha enseñado cuándo cambiar las marchas, le he obligado a conducir el automático… Hemos descolgado el cabecero de la cama de dos golpes de sexo, hemos visto Sauvage, me he deprimido un poco, me ha acunado un rato apretándome como si fuera una boa con un ratón. «¿Tú eres mi toy-boy entonces?» «Los toy-boys no se enamoran de sus vipas. Si lo hacen, dejan de ser toy-boys y se llaman novios.» «Bueno, de todas formas solo te tocaba los huevos.» «Ah… qué novedad.»

No he hecho nada de lo que tengo que hacer en domingo. No vendrá Anisa hasta mañana por la mañana y no tengo calzoncillos limpios que ponerme. Mientras tú ruedes camino de un avión, yo estaré delante de la secadora, con un cesto de ropa en el mano, mirando por la ventana del lavadero, con cara de nada. Eso tampoco es muy de toy-boy. También descubriré que me has dejado dos tupperware con la comida de mañana y volveré a ponerme triste.

Te quiero tanto, que necesitaría otro cerebro auxiliar para poder controlarlo. Y desde esa perspectiva, mediados de septiembre está lejísimos. Lo pintes como lo pintes.

Tuve viernes mejores

Acabo de caminar unos 2 km. bajo el sol hasta Correos para recoger un paquete (que encima no es mío) y volverme otros 2 km. sin él, porque resulta que Correos hace horario de verano y cierra a las 14:30h. así que estoy supercontento. En estos momentos el batman de mi camiseta me está dando un abracito, de lo pegado que lo llevo gracias a la sudadera. Y eso que no hace excesivo calor (aquí no hace excesivo calor en ningún sitio, soy bastante feliz con eso), pero aún así… vaqueros largos y sandalias no han sido precisamente lo mejor para la caminata.

Echo de menos a Jon. Lo dije ayer, pero es que hoy sigo igual. Dijo que a lo mejor podía venir para el fin de semana por lo del homenaje al chico que se mató, pero no paro de hacerle pings y por ahora no da respuesta. No quiero ser un pesadito. Me avisó de que estaba en zona cero, y fui yo el que le dijo que no usaría más skype esta semana.

¿No debería saber ya que siempre hago lo contrario de lo que digo?

Como soy un chico con fe, he cogido entradas para ver It2 la semana que viene. Si no puede venir él, me llevaré a Pedro, ahora que ya volvemos a caernos bien. Las pelis de terror con Pedro son maravillosas, porque ni se inmuta. Cuando el cine literalmente se cae a gritos a nuestro alrededor, le miro y él sigue mascando palomitas impasible, como el que ve un documental de cabras caucásicas. Me gusta la gente fría e impasible. No puedo evitarlo. Supongo que porque me sirven de contrapeso para todos mis torrentes desbordantes de emocionalidad absurda.

En una semana empiezan los colegios. Estoy bastante acojonado, pero intento no escribir sobre ello, para no tener tampoco que pensarlo. Siempre soluciono mejor lo que no pienso. Lo hacemos y ya vemos. Torearé al toro cuando esté a dos centímetros de sacarme las tripas. A mí siempre suelen salir mejor las cosas en la improvisación.

Estoy salido. Salido, acojonado, nostálgico, sudoroso y cansado. Creo que me supone una felicidad del… 67% de mi cuerpo. Aprox.