Cataclismo

Menos mal que dije que no iba a escribir más por las noches…

Seguimos con el festival de enero. Mi cuñada tiene embarazo de riesgo así que ahora ella está encamada y nosotros cuidando de mi sobrino. Durante un par de semanas seremos dos Arieles en casa. Hoy he oído a Simón y a Pedro decirse: “¿Le puedes decir a Ariel que suba?” “¿Qué Ariel?” “El bueno.”
El bueno. Si para Pedro soy el bueno, imagínate como será el otro. Un tornado de bolsillo. María está feliz de tenerle aquí, claro. Es el perfecto Igor para la Doctora Frankestein. Juegan, saltan, luchan, maquinan… Mi cuñada me lo ha dejado con libro de instrucciones. “El niño está acostumbrado a comer solo comida orgánica y bebe leche vegetal.” No sé qué es la comida orgánica. Espero que la calabaza, la zanahoria y la patata del mercadona, porque es lo que se han cenado hoy. Eso y dos filetes de merluza. ¿La merluza es orgánica? ¿Y el merengue? ¿el merengue es orgánico? porque también les he comprado uno a la salida del cole. Supongo que los antiazúcar me crucificarían vivo. Clavarían los pocos restos de mí que hubieran dejado antes los antihuevo. Me encanta el merengue. Y me encanta la pastelería donde los compro. Es de esas antiguas que huelen a galleta y tienen bolsas de caramelos de violeta en el mostrador. De esas donde el pastelero te envuelve los dulces en papel burdeos y te los ata con una cinta roja. Aún así lo de comprarles merengues para un viaje en coche no ha sido la mejor de las ideas. Hemos llegado los tres con merengue hasta en las orejas.
Estoy contento de que esté Jon en casa. Estabiliza mi inestabilidad. Nos repartimos las angustias como en un columpio balancín. Ahora subes tú/bajo yo. Ahora bajas tú/subo yo. Supongo que en realidad nos emparejamos para eso. Para tener punto de apoyo. Por eso estar solos no es el fin del mundo, pero es mucho más cansado.

Tenemos ofertas para vender nuestra casa, pero seguimos sin encontrar una nueva. Yo ahora estoy angustiado por los exámenes, así que he colocado mis agobios en fila india y los voy afrontando de uno en uno. Creo que es la única forma de sobrevivir a este cataclismo. Hoy: exámenes. La semana que viene: trabajo. Dentro de dos findes: “no te preocupes, que esto de estar viviendo debajo del puente de la M30 es temporal…”

Luz

Igual es un poco tarde para ponerme a escribir ¿no? he pasado las horas de luz útiles estudiando porque luego cuando anochece, el cerebro me deja de funcionar y las ideas se me quedan flotando en una sopa de barro mental. De hecho, tampoco debería estar escribiendo, porque este post terminará siendo una mierda. Todos mis post nocturnos lo son. Creo que yo en el Polo Norte, terminaría suicidándome. No necesito para nada el sol, pero sí necesito fervientemente la luz. Sin luz, soy un bicho bola. Cuando no hay luz, mis problemas se hacen densos y JODIDAMENTE ENORMES. Luego, cuando amanece y los retomo, siempre pienso “ah bueno… pues no son para tanto…”

“Donde liba la abeja, libo yo. Y en el caliz de una prímula me tumbo.”

Hoy hemos estado haciendo recuento de trastos, para empezar a ir deshaciéndonos de todo lo que tenemos amontonado en casa para nada y porque sí (o sea, uno de nuestros inventarios panaporsi). El resultado ha sido terrorífico. Desde somieres plegables que no recordamos quién trajo, hasta patas de mesa que no sostienen ninguna ídem. Vamos a empezar a ir llamando al ayuntamiento para que se vayan llevando nuestro ajuar de basura por tandas. Jon me ha señalado con el portarollo de embalar y ha dicho “lo único peor que una mudanza es una mudanza sin organización”. Me llena de ternura que después de tantos años conmigo aún piense que puede sacar algún orden lógico de mí ¿Cuánto tardaremos en mudarnos? ¿dos meses? ¿cuatro? ¿seis? Tengo tiempo de sobra para volver a levantar otra montañita de mierdas panaporsi. Solo déjame veinte minutos en la buhardilla vaciando armarios y verás.

Estos días me debato entre la emoción del cambio (vivan los cambios) y la angustia de no estar preparado para afrontarlo. Me preocupan mil cosas que vienen en mil direcciones diferentes y no sé si voy a tener raqueta para tanta pelota. Me preocupa mi trabajo, mis alumnos, mis exámenes, mis análisis. Me preocupa la tribu, la casa, la venta, la mudanza. Me preocupa la organización financiera, la hipoteca, las escrituras, el reparto. Me preocupa Jon. Me preocupa Pedro. Me preocupan los gatos.

Me preocupa todo. Necesito que vaya haciéndose de día.

Retomamos

Hoy he ido a la peluquería. Ya no sé lo que he contado, lo que no y lo que he dejado a medias, porque estoy pasando unas semanas de giros infernales, con mi casa en venta, con la compra de otra en ciernes, con Jon&tribu pendientes de un traslado, con mi suegra en el hospital porque se ha caído y se ha roto cinco costillas, con Pedro en crisis de ida y vuelta… En fin. Días en los que cabeza y manos no me han dado más de sí. Así que retomo el blog con la cosa más absurda y subnormal del mundo: hoy he ido a la peluquería.

No. No estoy guapo. Me he quitado las greñas, pero llevo aún el peinado ese que te dejan todos los peluqueros del mundo cuando dices “solo secar”. Como de monaguillo hipster. No veo el momento de meter la cabeza debajo del grifo y recolocar mis rizos en su estado natural. Lo habría hecho ya, pero hoy teníamos siete posibles compradores que venían a ver la casa. Odio enseñar la casa. ¿Te he dicho que odio enseñar la casa? lo odio. Se supone que debería ser utilizar un mismo guión de “Esta es la entrada, tiene vigas de hormigón, calefacción por caldera, pasillo blablablabla…” en plan presentador de telediario pero luego nunca es así ¿sabes? nunca. Porque siempre tienes que enfrentarte a alguien que sabe más que tú y te hace preguntas inquisitivas. Y ahí, si eres Jon, entiendes de construcción, tuberías y planos y puedes responder, pues bien. Pero si eres yo, que no sé ni qué cojones es una bajante, pues pasa lo que pasa. Que empiezo a tartamudear y agobiarme y termino quedando como Cagancho en Murcia. Que al final más que vender una casa sana, bonita y luminosa, parece que les estoy intentando colar un cuchitril victoriano, con un cadáver emparedado entre la buhardilla y el trastero.

Odio enseñar la casa. Eso es en resumen lo que quería decirte. Pero vuelvo. Ya vuelvo. Ya estoy aquí. Retomamos.

Día de Reyes

Ya sé que te debo un podcast y una viñeta. Es que este fin de semana estoy exento. Por varios motivos en línea. Te los cuento.

1. Ayer era día antes de reyes. Eso suponía cabalgata, compras de última hora y cuidado de abuelito político en el hospital (esto no es habitual del día de reyes, pero me tocó igualmente). Además sumé un pico alto de resfriado con fiebre y bocos, lo que hizo que tooooooooooooooodo el día fuera muuuuuuuuuuucho más lento y espeso en cuanto a reacción mental.

2. Hoy es día de reyes. Eso supone roscón, canelones, regalos, juegos, guerras, malabares, pimpampunes… o sea, masacre en familia. Tengo que respetar la masacre en familia. La masacre en familia es importante. Sobre todo porque hay que hacer reír al espartano. Hacer reír al espartano es mi misión importante de domingo. Y nos han traído cinco rifles nerf, así que… se está consiguiendo con creces.

Lo más bonito del día de hoy: LOS REYES ME HAN TRAÍDO UNA MÁQUINA ARCADE CON PACMAN, TETRIS, SPACE INVADERS ET-CÉ-TE-RA.

Lo más mierda del día de hoy: uno de mis regalos estrella para Jon, que era un smartwatch, ha venido con la correa partida, así que no lo ha podido estrenar. Mecagoenmelchor.

Y ya. Mañana es fiesta, así que me da tiempo a hacer todo lo que debería haber hecho y no hice. Hablarte, dibujarte, contarte que he perdido cinco kilos (again), limpiar los baños…

Lo breve

El duelo ante la muerte no está bien preparado. Ya lo dije una vez. Está hecho ex profeso para sufrir. Echo de menos entierros laicos. Celebraciones donde pueda uno recordar cosas buenas del que se va, poner algo de música y evitar toda la parafernalia religiosa que se desplega alrededor del rito. Prescindir de curas, velones, jesucristos, misas, plañideros, velatorios, exposición de féretros, besamanos. Dolor. Jesús solía reírse mucho de todo eso. “Échame a algún contenedor y ya.” Cada vez que piso un tanatorio se me ocurre que igual no es tan mala idea. Que te recuerden riéndose es casi un planteamiento perfecto. Como aquel conocido que pidió ser incinerado y esparcido por los baños de la Joy Eslava. Ahora los que le lloraron no pueden evitar contar su entierro con carcajadas. No sé si puede haber algo mejor que eso. Reírse, reírse y reírse. “Quiero que me incineren y que esparzan mis cenizas por las nieves del Kilimanjaro, pero después de haber subido en chancletas.” “Pero… ¿¿por qué??” “No sé. Por joder.” Algo así. Al fin y al cabo todos nos terminaremos. Antes o después, pero nos terminaremos. Seremos “materia en transformación.” Quiero que se rían conmigo en vida y quiero que se rían conmigo en muerte. Quiero imaginarme como una batería de móvil sin recarga. 25%… 15%… 5%… out. Ya está. Cero dramas. Igual alguna nota manuscrita junto al frigorífico: “No llores Jon, si en unos años vas a seguirme, pavo. O que te crees.” Eso es. Algo así.

Bueno. Mientras, inspiremos aire… expiremos aire… sigamos oxidándonos. Por ahora, no hay nada más maravilloso.