Caos de blogger

¿Te acuerdas de ayer cuando decía que qué bonita la plantilla gansa y que qué fácil y chupi era todo en el universo que me rodeaba? pues ya tengo pelea con la plantilla y por ahora gana ella. Así que habrá que darle unas cuantas vueltas más.

De campana.

Mi existencia es uniforme. Nazco, crezco, me apareo, no consigo cambiar la plantilla al blog, envejezco y muero. Así que voy a hacer caso a toda la gente sabia y paciente que me rodea y a probar wordpress. Suponiendo que pueda llevarme todo esto. Porque dejarlo aquí jamás. Y perderlo, rejamás. Recuerdo la sensación de los mensajes esos de antaño de «me he mudado y ahora sigo escribiendo en…» y siento escalofrío en la espina dorsal. Cada uno sus manías. Oh, sí… Yo tengo unos cuantos sacos de manías. Solo duermo con ropa blanca, compro las bolsas de basura de mil en mil, me dan miedo los paraguas y nunca parto mi blog en dos. Todo eso y el «read more». Odio el read more. Me da tanto repelús como los cajoncitos de ropa ultradupraordenaditos de Marie Kondo. La felicidad es libertad y la libertad es caos. Nadie puede ser feliz teniendo que doblar cada puto calcetín en ocho piquitos. Quizá lo seas una semana. Dos. Hasta tres. Luego ya te has convertido en el estúpido esclavo de ti mismo. Los japoneses tienen mundos limpios, perfectos, ordenados y metódicos y se suicidan en masa. No quiero mi blog perfecto, ordenado y metódico. Lo quiero vivo y en torrente. Que entres y mires. Y leas. Y te rías o llores. Sin cliques, sin pasillos, sin recibidores, y sin pollas (esto último, revisable).

Se me está yendo la pinza bastante ¿verdad? Es el 2017. Estoy más loco en 2017. Venga. Ya. Cállame. Cierra. Corre.

Plantillas y milagros

He mirado vídeos de máquinas de coser a tutiplén y ya entiendo algunas cosas, así que hoy haré el reintento número dos. Igual tenía que haber empezado por ahí. Pero bueno… uno es así. Si no me pongo las cosas difíciles como que no soy yo. De todas formas me ayudará mucho si Jon no se lo toma a cachondeo porque ayer ya terminé con ganas de coserle un poco el prepucio con doble pespunte. Ya veremos hoy. Ha prometido no tomárselo a coña. Aunque casi más necesito que no se lo tome a coña cuando ve que estoy empezando a perder las esperanzas. Es complicado verme perder las esperanzas con algo, pero a veces pasa. Se me empiezan a levantar los rizos y a bajar las cejas y entro en barrena emocional. Y ese es MUY MAL MOMENTO para hacerme coñas, a menos que solo busques morir.

He encontrado una plantilla que me gusta. Es mi primer milagro de Año Nuevo. No tiene nada, va desnudita y es muy gansa, pero me va al pelo. Si logro cambiar lo del «read more» (que no me gusta y nunca me gustará) sin entrar en estado subidaderizos-bajadadecejas, estaré muy contento y la pondré para este finde. Todo depende de que logre encontrar a alguien de aquí al viernes que sepa de plantillas y de Arieles Nepomuks.

Sobre todo de Arieles Nepomuks.

En tránsito

Estoy peleándome con las plantillas y con la máquina de coser. La máquina me la trajeron los reyes. Concretamente mi suegra, porque me regaló 100€ como 100 soles y se fueron todos a la máquina. Supuso mucha diversión en casa que yo quisiera una máquina de coser, pero tenía su explicación terrenal, porque la quería para poder coser los disfraces de mis chicos de danza, sin tener que pringar a ningún padre. Este año me tocó fastidiar a los del grupo de teatro y viendo como cosía la chica las alas con la máquina pensé «eso puedo hacerlo yo.» Me sobreestimé, claro. Como siempre. Porque hemos pasado unas cuantas horas con la máquina nueva y no he sido capaz de enhebrarla. Tres veces he pensado que sí y tres veces ha sido que no. Ahora tengo un ataquito de ira y siete trapos con caminitos de agujeros sin hilo. Mira…qué se yo. Mañana probaré otra vez. O mejor el sábado que viene, con luz de sol. Todo mejor con luz de sol. Feliz saturnalia.

Para Rafa

No leerás esto, porque no estás para leer nada. Y porque tampoco lo estarás mañana, ni pasado. Ni siquiera en un mes. Probablemente ni en dos. Pero yo te lo escribo. Hoy te escribo para que nunca me leas. Curiosamente es una de las cosas que más fácilmente hago. Escribir para nadie.

Es una tontería decirte que el dolor se pasará. Nunca se pasa. Se te queda agarrado a los huesos como una lesión de guerra. Pero sí puedo decirte, sin mentir, que se volverá más llevadero. Se acomodará a tu cuerpo e irá chillando de vez en cuando, como una mala postura, hasta que ya poco a poco te deje respirar y sonreír como antes. Y ya puedas recordar, sin tener que tomar aire apoyado sobre cada mesa, como un maldito náufrago de mierda. Aunque ahora mismo todo eso parezca que vaya a suceder en una galaxia muy, muy lejana. Aunque parezca que sea algo que nunca llegará, llega. Todo llega. Supongo que esa es la primera jodida lección que aprendemos sin querer hacerlo. Que todo llega. Y que tal y como dicen en las películas cursis de Disney, todos formamos parte de un ciclo que va girando y prolongándose sin parar. Donde caeremos nosotros, se levantarán otros nuevos. Y sobre aquellos, otros más. Pero mientras… no es verdad que no seamos nadie, Rafa. Los cojones. Que nadie se atreva a decírtelo. Somos alguien. Somos mucho. Somos importantes y maravillosos. Lo somos todo. Él era todo. Tú eres todo. Yo lo soy. Con cada día de nuestra vida nos vamos haciendo grandes e inmensos. Hasta el más insulso. Hasta el día más gris y más pequeño que hayas vivido en esa casa, ahora mismo alcanzará en tu corazón su perspectiva real de mágico, importante y grandioso.Y al final el mensaje es ese. Que todo merece la pena. Entre nieblas de dolores punzantes, entre lágrimas, entre ausencias… no hay ni un solo día de lo vivido que no haya merecido la pena. Y supongo que ese es el premio que ya nadie en esta puta vida puede arrebatarte.

Mientras tanto… no tengas miedo. Cierra los puños y pega. Cágate en la puta madre del universo. Grita, llora, rabia, mata, explota. Arrasa. Hasta que ya no quede nada. Y luego respira hondo, cierra los ojos, levántate… y sigue respirando. Carry on.

Tomar carrerilla

Mi propósito para el año 2016 es que se acabe. No hay años malos o buenos, el tiempo es una puñeta infinita que acotamos para sentirnos más seguros, pero aún así, este ha parecido un año de reajustes. De eliminar, destruir y recolocar desde la nada. Así que siguiendo la lógica (esa que tampoco es que se haga notar mucho) este 2017 debería ser un año limpio de silencio, crecimiento y tranquilidad.

No nos viene nada mal un año de silencio, crecimiento y tranquilidad.