Algo como esto

Estaba raro, Jon. Demasiadas demostraciones de amor públicas en twitter. Usamos bastante twitter para tocarnos los huevos. Nos divierte. Es como un whatsapp con megáfono y para hacer el ganso va muy bien. Pero siempre nos guardamos hacia dentro una parcela de intimidad donde están las cosas que solo nos decimos en el tú a tú. Las parcelas de intimidad en redes sociales son importantes. Te mantienen un poco a salvo. Vienen a ser como dejar siempre libre la puerta de emergencia. Sin embargo, en los últimos dos días le había leído varias muestras de cariño, que ni siquiera me estaba expresando directamente a mí. Confesiones cariñosas en abierto, poco habituales en él. Jon no es expresivo. Ni con palabras, ni con gestos. Dice poco y lo que dice, lo dice medido, sujeto y calibrado. Es el hombre impasible. El perfecto muro de carga, firme y estable ante cualquier emoción. Así que no me cuadraba mucho en él la repentina emotividad. Pensé que podría estar asociado a la enfermedad de su hermano. La preocupación a cuentagotas nos está trastocando un poco a todos, y no sería lo más raro del mundo que la somatizara por la vía del corazón. Así que no le di mayor importancia.

Y entonces, ayer me enteré que Jokin y Gustavo se iban a divorciar.

No una separación eventual. No “darse un tiempo a ver”. No. Papeles directamente para no volver a verse. Lo que sea que hubo, terminado para siempre y sin dejar abierto el billete de vuelta. Gustavo ha dicho que se va. Que no hay más. Que ya ha llegado al fondo de la sartén y que no quiere seguir rascando.

Así que ahí vi las señales de Jon delante de mis narices. Mi pobre vasco. El duro espartano vencedor de mil batallas. El invencible de los invencibles, el superhéroe, el gigante de hierro, el guerrero invicto.

El perfecto muro de carga enamorado.

Me colgué de ti como un monito, claro. “Si te cansaras de mí me lo dirías ¿verdad, Ari?” Ay, el miedo. El superhéroe que esté libre de miedo, que tire la primera piedra. Ya lo sé. Parece que esto es más fuerte que tú. Pero en tu ecuación olvidas que también es más fuerte que yo. Aquí no juegan las voluntades, en realidad. Esto es como un destino a cumplir. No estamos en un viaje por alta mar de ahora olas / ahora calma / ahora a ver dónde terminamos. Esto es el puerto. El anclaje. el lugar donde me quedo.

Así que… bienvenido a mi certeza. Respira.

Juguetes

Zampabollos

Hablemos de Simón

Casi nunca hablo de Simón. Las anécdotas de María son infinitas, el jueguito que da Pedro es inabarcable, pero pocas veces me toca hablar de Simón. Se me pregunta: ¿Por qué no Simón? ¿y qué pasó con el niño que se escondía debajo de su propia camiseta? Jon dice: “No hablas de Simón porque es con el que mejor te llevas.” Yo pienso “bueno… podría ser…”

Simón se me ha adaptado como algo moldeable al corazón. No da ningún trabajo. Ninguna guerra. Es completamente sordo y toca la batería y la guitarra. Solo con eso ya debería ocupar su lugar (absurdo) en youtube. Miles de personas deberían estar mirándole y diciendo “ayquébonito persiguetusueño.” Pero ocurre que Simón no está hecho de esa pasta. Simón vive sin plantearse cómo debería ser en realidad su vida. Se limita a vivir muy feliz la que le ha tocado, y no se deja aplastar por las preguntas. Si le colgara en youtube ni siquiera lo entendería, realmente. Hace poco nos planteamos el que pudiera acceder al conservatorio. Cuando se lo dijimos, le advertimos “igual es una lucha que no ganamos” y él abrió mucho los ojos y dijo “pero si es que… no lo necesito ¿eh?” ahí nos dimos cuenta de cuál era SU lucha y cuál la nuestra. Y nos sentimos un poco intrusos, la verdad. Porque Simón es feliz. Bastante feliz. Muy razonablemente feliz. Es buen estudiante. No brillante, como Pedro, pero sí más que aceptable. Y ha sido dos veces delegado de su clase, porque está lleno de amigos. Estar lleno de amigos es importante, pero para él no, porque parece inherente a su forma de ser (en eso no se parece a mí). Quiere ser veterinario y jugar al fútbol. Lo primero no costará esfuerzo, lo segundo ha sido un campo de minas que ha sabido esquivar con mucha maestría, porque Simón cojea debido a su hemiparesia. No ha habido obstáculos, porque la gente en su camino no ha querido que los haya. Supongo que eso también es importante. La gente que te cruces y rellene tu vida.  Ellos serán realmente los colores de los que la pintes. Simón es un cojo sordo que nunca será cojo ni sordo. Así que es absolutamente feliz. Pinta conmigo lemures de spray en las paredes de la buhardilla, y le gusta una niña de su clase que se llama Vanessa. Y que le corresponde (que te correspondan con diez años es casi nivel premiun ¿no?). Simón pacifica a Pedro en sus ataques walpurgis y cuida de María en sus ataques… de María. Y viene cuando estoy depre y se sienta conmigo en el sofá. Y coge uno de mis libros “¿Este?” “venga, ese.” Y me lee. Y me acompaña. Y me saca. Sin hacer nada. Porque no tiene que hacer nada. Porque es él. Y a veces ser tú es suficiente para cicatrizarlo todo.

Es por eso por lo que no hablo de Simón. Solo por eso.

Dulce Navidad

He comprado un roscón con nata cuando venía de clase a trabajar. No era la intención. La intención era tomarme un té verde (de mierda) que hiciera juego con el pollo con brócoli (de mierda) que me había preparado Jon con amor (de mierd… no. Eso no. Eso bien). Pero me he metido en uno de esos cuquicafés de diseño que hay ahora que tienen horno, pan, pasteles, bollámen, exposiciones de fotos y surtido de revistas culturales (que no viene al caso con mi relato, pero las tienen) y nada más sentarme en la cuquimesa de maderita a remover el cuquité de mi cuquitaza, he visto los roscones insolentes mirándome desde la cuquivitrina y ya…he firmado mi perdición. Encima el señor que regenta el garito se ha debido apiadar de mi cara de oveja hambrienta y me ha ofrecido un cachito de degustación con la punta del cuchillo. Dos nanosegundos, he dudado mirándole blandir el cachito en el aire, antes de lanzarme con las fauces a por él, como una orca de delfinario. Y estaba cojonudo, claro. Así que he pensado “Bueno… total… si llevo uno pequeñito de estos y lo divido entre cinco no vamos a tocar a nada. Una pizca de azúcar a lo sumo. Eso no me hará daño, hombrepordios…”

Y el señor: – Si te gustan más con fruta escarchada, tengo estos dos medianos.

Y mi mente: “Bueno, total… si llevo uno mediano de estos y lo divido entre cinco vamos a tocar a poco. Algo de azúcar y lo que lleve el trocito de fruta, a lo sumo. No me hará daño, hombrepordios…”

Y el señor: – Aunque si lo quieres reciente, tengo también estos grandes con fruta que acaban de salir del horno.

Y mi mente: “Bueno, total… si llevo uno grande de estos y lo divido entre cinco vamos a tocar a… mogollón. Cantidad de azúcar y lo que lleven los trozos de fruta gigantes estos, a lo sumo. No me hará daño, hombrepordios…”

Y el señor: -¿Lo prefieres relleno? porque acabamos de montar la nata…

Y mi mente: “Bueno, total… si llevo uno de grande relleno de estos y lo dividVALE, VAS A MORIR. PERO LO HARÁS CON NATA, HIJO DE MIL PERRAS.”