Sashimi. No me duele nada. Esto es jauja.

El hombre-pelota sufre un trastorno sexual disfuncional. L. me ha llamado para contármelo y para pedirme disculpas en su nombre. También me ha dicho que ha hecho lo mismo con todas las mujeres y hombres jóvenes del grupo. Por su bien, me alegro que hayan sido sólo los jóvenes. Si lo llega a hacer con el fontanero de la segunda fila, estoy convencido que le hubiera partido todos los dientes de un sólo golpe de bota militar. Ahora me siento mal por haberme metido con el hombre-pelota. El porqué sabía lo de mi bisexualidad sigue siendo un misterio. Sospecho que soy un tema de conversación divertido para ellos, cuando no estoy (o sea, siempre). Bueno. Como no soy fontanero, ni llevo botas militares, me va a dar igual enfadarme. No creo que vaya a intimidarles a base de chistes idiotas, y eso, hoy por hoy, es la única destreza que me queda. Mejor me olvido de todo y paso página. Maravilloso lo de tener por fín un buen motivo para escaquearme de allí.

Me apetece nadar, pero me da vergüenza ir a la piscina con los dos catéteres en el pecho. Ojalá tuviera un traje de neopreno. O mejor uno de buzo. O mejor, directamente, una piscina.

Un sandwich de pollo con culpa, porque lo he robado de la máquina. Nada más. Algo revuelto y unas décimas.
No me gusta escribir sobre él. Tampoco leer sobre él. Debería ser imparcial, frío y cuasi cirujano, pero no me sale. No sé qué pasa. Perdono sistemáticamente a todo el que me hace daño. Sólo necesito unos días. A veces meses, pero siempre llega la calma y las ganas de cruzar paces, y sin embargo con él… con él… Por más que le dejo en barbecho, ahí perdido entre las hojas, un año, dos, cinco… todavía vuelven una y otra vez los mismos sentimientos que me producía entonces. No estoy muy seguro de querer seguir con esto, ni de si va a servir de algo. Vale… cambio de tercio y tararí. Lo pensaré mañana.

Tengo un abcceso de pus en la rodilla (que raro). He ido al Hospital y me han recetado un antibiótico que tiene tres pastillas y cuesta 24 euros. Si llega a tener doce, como los antibióticos normales para pobres, hubiera tenido que empeñar uno de los gatos para medicarme.
También he aprovechado para ver al psicogrupo y conocer al miembro nuevo. Parece una pelota de tenis. Pequeño, redondito, peludo y amarillo. Se ha puesto a explicarme con pelos y señales como la medicación le estaba encogiendo el pene y cómo tenía que tirar hacia atrás del pellejo prepucial, cada vez que quería echar un pis. Luego ha abierto mucho los ojos y sujetándome la muñeca ha dicho bajito: “Oye, tú follas con hombres ¿no? ¿hace un polvo este sábado? soy hetero pero da igual ¿eh? voy salido…”
En condiciones normales, me habría quedado a averiguar cómo demonios sabía el hombre-pelota lo que yo follaba o dejaba de follar, pero mi cabeza ya estaba shockeada a la altura de lo del prepucio y el pis, así que me he limitado a decir “uh…eh… no…” y a largarme a mi casa a lavarme la muñeca con vinagre y sosa caústica.

Se acabó el psicogrupo en esta vida y en las próximas cinco reencarnaciones que me toquen. Al menos mientras alguna no sea en raqueta.

Bonito con tomate. Un chupito de vodka. Na zdorovie!

M. me lleva al trabajo en moto hasta que su novia vuelva de vacaciones. Había olvidado el frío que se pasa yendo de paquete a esas horas. Cuando llego a destino, tengo que contarme los dedos de los pies, para asegurarme que no me he dejado ninguno por la M30. Creo que mañana me llevaré la chaqueta de rapero indigente y luego, cuando el termómetro esté en 39º, volveré con ella atada en la cabeza al estilo beduíno. Al fín y al cabo, después de la camisa hippie de ayer, y las flic-floc de hoy, cada vez tienen menos motivos en el trabajo para sorprenderse conmigo. De hecho, ya simplemente bajan la cabeza y hacen como que no me ven. Menos las señoras de más de 45. Esas siguen viéndome, observándome, mirándome y diciendo ayquepenadechico quemalasuertelodelcáncer.

Patatas con salmón. Algo de dolor en zona no identificada de la espalda. Ojo al dato. Eso es nuevo.

Me he llevado las zapatillas de Ed Hardy y la camisa hippie a trabajar. He contado las cabezas que se han vuelto a mirarme con ojos de “nopuedocreerlo”. Ocho. Los azules moteados de la camisa enmedio del universo de los trajes grises y las corbatas rojas, han sido como un berrido en una sala de espera.
J. me dijo que no lo hiciera, porque no era buena idea jugar a enfadar al jefe con los tiempos que corren. Lo cierto es que era un consejo sabio. No entiendo por qué siempre termino haciendo lo contrario de lo que me dicen. Necesito algo que genere la energía suficiente como para electroshockearme el cerebro y encauzarme otra vez en el camino fácil. No sé… quizá un exorcismo, o un polvo de tres orgasmos.
Me desvelé antes del amanecer. Tequila dormía sobre mi almohada, así que me entretuve en mirarle con detenimiento el hocico. Es asimétrica. Tiene un lado del hocico más alto que el otro. Lo sumo al rabo en L, el chillidito de mono, las orejas de oso Yogui, la uña de velociraptor y la media pata trasera aplastada. Fea como un demonio. Increíblemente dulce y sociable con los extraños. Nunca tuve un gato igual. Es maravillosa; la niña de mis ojos. No la cambiaría por nada.

¿Por qué me gusta tanto lo imperfecto?

Zumo de naranja. La pierna dando guerra. Pocas ganas de fiesta.

No he dormido nada. Nunca una frase hecha tuvo más sentido en su concepto de NADA. La pierna me ha dolido toda la noche. Echo de menos a mamá morfina. Papá metadona no resulta ni la mitad de divertido. Lo he ido mitigando levantándome y dando paseos por el pasillo pero no ha servido de mucho, salvo para quedarme helado y pisar algún gato que otro.
Tengo que preparar una comida mexicana de cumpleaños. Tengo que hacer tacos, fajitas, mole, mole + guaca, cócteles margarita… Sería genial poder empezar por esto último y darme un lingotazo de vez en cuando, que me permitiera llevar la celebración a buen término, pero no puedo beber alcohol con 70 mgrs. de prednisona en el cuerpo. Voy a empezar ya mismo a cocinar, antes de que me quede dormido encima del teclado. La pierna no me duele nada. Qué simpática. Creo que voy a dibujarle unos ojitos, una boquita sonriente y una manita levantando el dedo corazón.

Mañana trabajo. No importa. Tendré aire acondicionado. Yupi-yupi-yeyyyyyyyy (se llama sacar las pequeñas ganancias de las grandes pérdidas).