Se me ha roto el ordenador. De una forma muy espectacular, con chispazo, humo, salto de automático, apagón general, olor a refrito… Me encuentro dos opciones: Tirar de portátil o tirar de portátil. Yo aprendí mecanografía con una underwood de hace siglo y medio que había en casa de mi padre. En cada tecla se podía aterrizar un helicóptero, y tenías que hundirlas con fuerza para que marcaran la letra al ritmo de clanca-clanc. Ya me costó luego escribir con todos los dedos en un teclado pc vulgaris, así que cuanto más, en estos teclados pc-portátiles, que parecen diseñados para pigmeos con visión nocturna. Con cada letra que escribo, tengo que borrar otras cuatro que se me han colado por la cara. Menos mal que hoy he descubierto en una esquinita la miniteclita de borrado. Eso después de año y medio usando el retroceso para suprimir, como un pringao. Su puta madre. Que manía de hacer el mundo en pequeñito y en plano. Qué poca consideración para con nosotros, los inútiles en tres dimensiones.
Y todo eso sin meterme con el windows vista y su estrellita antipirateo superguay para chicos legales y chachis que no piratean, ni roban programas como vulgares comunistas. Que no quiero decir dónde les metía yo la estrellita, previo afilado de sus cinco puntas naranjitas y verdes.

Hoy no tengo pus apestoso. No tengo nada y estoy moreno de verde luna. Si me dejas sentado en un sofá y no te fijas mucho, casi parezco un chico normal.

Muchos días sin probar guarrerías. Estado anímico en mejora progresiva.

He hecho 18.000 puntos al crack attack. Aposté con M. una botella de vichy a que hacía más puntos que él y le he ganado por goleada. Por goleada y con trampas, porque en realidad, he descubierto un bug que hace que el juego vaya mucho más lento y sea más fácil sumar puntos. Marqué mis tantos como Ariel The Warrior, pero he sido castigado por hortera (y por tramposo) y al haber sólo quince espacios, mi record ha quedado registrado como Ariel the warri, que queda mucho más cañí, y me quita los tintes de guerrero para dejarme en simple putón verbenero. Tiemblo de pensar el cachondeo que me espera en casa con el mote de las narices.
Hoy me he limpiado y desinfectado un pus asqueroso que olía a queso rancio. He reconocido enseguida el olor. Era el mismo que desprendía la piel de Tao los días anteriores a sacrificarle. Olor a descomposición de células caídas en la batalla contra las bacterias, dice J. Olor a carne muerta, digo yo. Por eso J. quiere ser Tarantino y yo Jack Kerouac. Tenemos diferentes versiones para una misma vida.

Mh… bonito con tomate. Soy un campeón. Todo en orden y sereno.

Tengo ganas de vivir con J. Tengo ganas de verle despotricar delante de los telediarios con el asunto de la crisis. Y de cocinar haciendo equilibrismos en su minicocina de dos fuegos, sin tostadora. Y de escuchar su voz de detective privado de los años 30 riñéndome cada vez que me pille dando un golpe de estado a los donettes crunchis. Tengo ganas de cortarle los pelos de krasty, cogiéndole los mechones entre los dedos y pasando la maquinilla despacio por su nuca. Ganas de dormirme encima de su estómago, subiendo y bajando sobre su respiración de exfumador en pena. Tengo ganas de J. en Lanzarote, en Fuerteventura, en Las Vegas, en Madrid y hasta en Torrevieja si hiciera falta. Tengo ganas de J. y de un futuro mejor que el peor de los pasados.

Bueno, vale. En Torrevieja jamás.

Yo que sé… ni me acuerdo… ¿pescado?

Se supone que tengo prohibido terminantemente el sol. Se supone que con mi enfermedad autoinmune, me la juego si me quemo. Se supone que debo usar un protector de pantalla total y que debo esconderme de las peores horas de exposición (o sea, todas). Sin embargo, yo me voy de paseo a la piscina descubierta, en plena mañana de junio, con mi gorrita, mis gafitas de los chinos y mi protector del 10 y claro…termino de color ladrillo chungo, a lo largo y ancho de mi cuerpo. ¿Y ahora? ¿que hago mañana en la revisión? ¿mentir y decir que alguien se llevó el techo de mi casa mientras dormía? ¿contar la verdad y confirmar que soy una combinación de imbécil integral e irresponsable absoluto? ¿explicar que mientras estaba bajo la solanera no me parecía tan mala idea? Creo que mi capacidad para cuidar de los demás es inversamente proporcional a la que tengo para cuidar de mí mismo. Necesito otro Ariel. Uno que vaya paralelo a mí y me vigile. Uno que me hable conmigo y me diga “¿qué tal? ¿qué has comido? ¿te has acordado de la prednisona? suenas triste, ¿estás bien? ¿todo bien en el trabajo? ¿has escrito hoy? ¿te duele la rodilla?”

Polos de congelar y batidos de proteínas. Sólo tengo sed. Es la prednisona.

200 litros por metro cuadrado en cinco minutos. Eso fue Madrid anteayer. Y de entre todos los sitios donde podía pillarme, me pilló subido en una moto. Culpa mía. Suelo ser ciego a todo lo que juega en mi contra: rodilla chunga, falta de carnet para esa cilindrada, cielo encapotado a punto de aguacero… Pero claro, sólo era llevarla de Plaza España a Quevedo, y encima con cambio automático, así que no requería juego de tobillo. Pensé “¿qué puede pasarme?”. Pues el diluvio universal. Eso pudo pasarme y eso me pasó. Litros de agua corriendo calle abajo, coches circulando a 10 km/h. por la mala visibilidad, y la policía municipal (o eso me pareció) en cada esquina, supervisando el caos. Eso sin contar con que llevaba el nervio ciático pinzado y que bajar el pie derecho en cada parada era un pequeño viacrucis para mi pobre culo. Milagro que no terminé yo también calle abajo y desembocando en alguna alcantarilla. Eso sí… afortunadamente, iba muy adecuado para la lluvia con los pantalones de lino y las chancletas. Cuando pude desmontar de aquel trasto parecía talmente que me hubieran envasado al vacío.
Otro apunte para escribirme en la frente: No se hacen cosas de dos piernas, cuando sólo puedes disponer de una.