Dancing Queen

Queda un mes entero para la función de Navidad y ya la tenemos montada, ajustada y bien engrasada, solo a falta de diseño de vestuario y montaje de decorado. Lo primero me preocupa un poco; lo segundo ni gota, porque como toda la función es otra ida de olla de las mías, voy a seguir a lo puto loco y a meter cuatro luces y un escenario cuasidesnudo. Ayer les dije “lo bueno de esto es que solo os verán a vosotros, y lo malo de esto es que solo os verán a vosotros.” Ahí yo y mis huevos morenos. Metiendo presión. Menos mal que tampoco es que me hagan demasiado caso (los alumnos, no mis huevos).

Como agradecimiento a soportar mis flipadas con tanta dignidad (que de verdad, lo he dicho otras veces, soportarme a mí como profesor NO ES FÁCIL porque me vengo arriba con un higopelote) me los voy a llevar a ver Billy Elliot como hice con los pequeños. He conseguido que la academia me financie el 50% <inserte aquí zapateta> así que mi paga extra de Diciembre hará el resto y podré hasta invitarles a una hamburguesa postBilly. Lo acabo de anunciar hace un rato en el chat y se me han puesto muy contentos. He llamado a la otra profesora para ver si quería que lleváramos a los dos grupos y me ha dicho que los cojones iba a poner dinero de su bolsillo para llevar a esa panda al teatro (con más elegancia, pero eso es lo que me ha venido a decir), así que, para no crear controversia con los otros alumnos (que por la reacción de su profe los intuyo menos simpáticos que los míos), lo de mi clase va a ser una salida particular (como el patio de mi casa) y supersecreta de la muerte en plan pío-pío-queyonohesido.

Luego, lo de ponerles a coser chimpunes y puñetas para el vestuario ya…será otro cantar. Ahí probablemente procederé a guardarme todo mi fliping en el bolsillo y me limitaré a adoptar la posición de loto como un buen monje tibetano, mientras veo llegar mi muerte por avalancha de padres cabreados.

Mi gato ballena

Me ha llegado un mensaje de la tienda online donde pido las cosas de los gatos avisándome de que me iban a caducar los 250 millones de puntos (aprox.) que tenía acumulados por mis compras. Se me ha quedado expresión lemúrida al verlo. La verdad es que no sabía que estuviera acumulando puntos. De hecho no sabía ni que existían los puntos. La verdad es que me dejo tal pastizal allí dentro, que lo que me extraña es que cada vez que meto mi contraseña no se despliegue una alfombra roja y suenen trompetas babilónicas. Ya antes de que el gatovaca se pusiera diabético me dejaba medio sueldo en redes, filtros, rascadores, maltas, yerbas y puñetas, así que imagínate ahora con el pienso y las latas para gato gordopilo. Sumando insulina, jeringuillas, agujas y pruebas de glucosa, resulta que al final me sale más caro mantener al gato que a un rebaño de cabras africanas . Pero bueno… Entre eso y no volver a ver sus chichas paseándose por encima de mis tripas, la elección está clara así que… lloro por llorar. Seguiré arruinándome por él lo que sea necesario.

Al final he gastado 400 puntos en “donación de comida para animal abandonado” y otros 70 en un puntero láser. Lo primero tendré que dejarlo a la fe, porque realmente nada me garantiza que vayan a usar mis puntos en lo que prometen, y lo segundo… pues también, porque es para intentar que el gatovaca haga un poco de ejercicio y desde luego eso sí que es un acto de fe y no lo de las Cruzadas. De hecho puedo apostarte a que en cuestión de cero coma, estaré con mi puntero láser como un imbécil venga p’arriba-venga p’abajo en plan Ibiza mix, con los tres perros hiperventilando, y Mr. Glucoser observándome desde lo alto de la librería, con su colmillo mellado, su obesidad al desaparrame y su sempiterna expresión de “realmente, esperaba más de ti, chaval.”

Gigante

Rumorología lemúrida

En pie

Ya está. Delegado sindical. Ahora me gustaría decir “una cosa menos”, pero en realidad es una cosa más, porque ahora es cuando empieza todo. Me han dicho que me avisarán de dirección para constituir el Comité de Empresa, y que me prepare para encargarme del comité de Seguridad y Salud. También me han dicho que vendrán del sindicato para informarme de cómo se hace todo el proceso. Yo he dicho a todo “estupendo, estupendo” y me lo he apuntado en mi cuaderno como si supiera de qué demonios me estaban hablando. Era el cuaderno aquel de Mr. Wonderful que me regaló Jon K. para que apuntara las recetas de mi abuela Agra, así que cada vez que lo abría, en la primera hoja ponía GARBANZOS CON SEPIA. He pasado un poco de corte con eso. No queda nada bien lo de combatir al capitalismo opresor a base de potajes de cefalópodos y ahí todos nos veíamos los cuadernos porque estábamos en la mesa como piojos en costura. Creo que ha sido mi abuela Agra vengándose desde el más allá por meter una receta de espontáneo entre las suyas de profesional. Perdóname abuela. Nunca más volveré a mancillar el espacio de tu harira. Lo juro por la vida de los miembros del Comité de Empresa.

He ido a mediodía a ver a mi cuñado. Le he encontrado muy tranquilo y amarillento. Lo primero, supongo que producto de las drogas y lo segundo de la cirrosis. Me ha dicho “No me digáis que no parezco un Simpson…” Nos hemos reído. Mi suegra está furiosa con el equipo médico del hospital. No concibe que no le hayan hecho un seguimiento hepático desde el primer momento que le detectaron alteraciones en las transaminasas. Ahora tienen que hacer frente a una cirrosis ya avanzada y no descartan que haga falta un trasplante de hígado. Jon está afectado. De una manera casi imperceptible, pero lo está. Nadie a primera vista se da cuenta de ello. Yo sí. He aprendido a ver al Jon de dentro, así que ahora intento ser nido para él y ponerle las cosas fáciles. Quitarle las preocupaciones de por encima y dejarle solo aquellas que no está en mi mano remover. No coger el patinete de noche, no quejarme del (puto) brócoli en la comida, no tirarme por las escaleras con María sobre el coche de pedales… esas cosas.

En lo bueno y en lo malo. En la salud y en la enfermedad. En la pobreza y en la riqueza. En los arribas y en los abajos. Ese fue el acuerdo invisible que ninguno de los dos firmamos y que respetaremos siempre.

“¿Mientras uno de los dos quede en pie?” “Mientras uno de los dos quede en pie.”