La semana vuela

Como miss pedorra está de vacaciones, estos días Miguel me acerca en la moto al trabajo. Durante todo el trayecto va contándome cosas que no oigo entre el casco y el viento. Al principio le decía «no te oigo…» y él me decía «¿qué me has dicho?» y yo respondía «¿qué? que no te oigo…» y él añadía «¿cómo? ¿has dicho algo?» y terminábamos pareciendo un sketch de los hermanos marx, así que ahora, cuando empieza a soltar parrafadas, yo me limito a decir «ah, sí, sí…» . Con lo cual, un día de estos me dirá «¿te apetece que vayamos a una misa satánica a destripar a mi abuela Mercedes?» y yo responderé «ah, sí, sí…»

Miguel y Ana.v1 me han regalado una bolsa de piel de converse. Me siento culpable. Les ha tenido que costar una pasta gansa, sobre todo porque llevaba envoltorio de El Corte Inglés. Pero como es de bien nacidos ser agradecidos, y lo que menos le apetece a uno cuando hace un regalo es escuchar opiniones sobre el precio, me he limitado a esconder la cara de apuro y repartir a diestro y siniestro besos, québonitos y jodermencanta.

La verdad es que es preciosa y que me gusta de verdad. Recuerdo haberme quedado mirándola cada vez que pasábamos por la tienda de converse, como una de esas cosas que miras a sabiendas de que nunca va a ser tuya. Algo parecido me pasaba con lo de los anuncios regalo-gato del segundamano. Los miraba a sabiendas de que no llamaría a ninguno. Y sin embargo… mira. Ahora tengo ambos imposibles. Y lo que pensaba que tendría como algo seguro, no lo tengo. Curiosa mi vida. No debería llevar una cruz del caos al cuello. Debería tatuármela en el culo.

He salido con el profesor por las autovías. Ha sido cantidad de divertido (excepto para el profesor y para el conductor de cierto camión de campofrío que a estas alturas peina un par de canas más). Al terminar me ha dicho que ya iba mejorando un poco pero que seguía demasiado nervioso y agarrotado al volante. Le he explicado que yo ya salí de mi madre directamente nervioso y agarrotado, y ha soltado un chorrito de risa. Llevo 26 clases. Creo que si logro mantener a raya los camiones, los bordillos y las señales de prohibido el paso, allá por la clase 45 podremos incluso llegar a ser amigos.

Este tiene que ir mudo

Sabía que hoy echaría mucho de menos al loco. Todos los días como hoy solía comprar una tartaleta de manzana de Mallorca, de las de masa plana, y la pasaba por la rendija de mi buzón. Luego, soltaba dos velas del número y hala. Ahí lo dejaba. Debajo de las cartas del día. Ya era un clásico eso de recoger el correo manchado de manzana. Y lo reconozco… la chorradita me gustaba. Por encima de dulces y velas, se seguía acordando de mí. Incluso aunque no tuviéramos demasiado contacto. Incluso aunque yo pasara por mi época de madriguera y silencio. El loco se seguía acordando de pasar por mi buzón tal día como hoy.

Supongo que son nuestras rarezas, las que hacen que luego seamos añorados. Por eso nunca oímos eso de «Qué majo Luis… ¿te acuerdas de cómo bajaba la basura?». Supongo que por eso no es tan malo hacer alguna idiotez de vez en cuando. Aunque sea lo de llevarse un gato al trabajo o…destrozar un pastel por la rendija de un buzón.

Hoy voy a tener el correo más soso y silencioso del mundo. Y sin embargo… aquí seguimos. Y sigue mereciendo la pena ¿no?

Me siento un poco mamá mona de Tarzán Disney

Me ha pillado el jefe con la gatera debajo de la mesa. No me ha reñido. Se ha limitado a decirme que el aire era demasiado fuerte para un gato tan pequeño. Todo lo que antes le hubiera creado eczema en la calva, ahora lo asume con resignación y paciencia. Javier dice que es porque a fuerza de sufrir, al final ha tomado cariño a mis desequilibrios mentales y mis chancletas de colores. Yo creo que más bien es que ha perdido ya la capacidad de sorprenderse. De hecho, no creo ni que se inmute esta navidad cuando proponga mi idea de hacer el «enemigo invisible» durante la cena de celebración.

En realidad la propuesta no es más que para poder regalarle un tubo de vaginesil a la señora Virtudes de Contabilidad. Se lo prometí a la última chica de prácticas que salió llorando por su culpa. Y no puedo decir que no me arrepienta un poco de la promesa, porque la señora Virtudes no precisamente el colmo de la sutileza femenina. De hecho, no quiero ni pensar por dónde querrá meterme el tubo cuando lo vea, pero… una promesa es una promesa.

Y una chica de prácticas con pecas y cintura de bailarina, es una chica de prácticas con pecas y cintura de bailarina.

Como se me había olvidado completamente que tenía clase de conducir, he tenido que llevarme también al gato a la autoescuela. Mi profesor de conducir no ha perdido la capacidad de sorprenderse. Ha señalado la gatera con cara de pasmo y ha dicho «¿y eso?». Yo he contestado: «Un gato». Él ha añadido: «¿Y por qué está aquí?», y yo he respondido: «No sé. Pensé que me daría suerte.»

Siempre me pasa igual. Cuanto más intento tapar mis idioteces, más idiota termino pareciendo.

He comprado una tarta de tres chocolates y una botella de champagne. Ya que no tengo globos, voy a ver si celebro el cumpleaños reventando un hígado.

El julio extraño

Me dice María que el mes de Julio está raro. Es verdad. Lo está. Cuando era pequeño me parecía que era el mejor mes de los doce, porque llevaba el día de mi cumpleaños y significaba verano. Ahora mismo no me parece que ninguna de las dos cosas tenga excesiva importancia. Creo que de alguna forma, me he vuelto rancio o he perdido por el camino las ganas de comerme el mundo. Espero poder tener delante a alguien que tire un poco de mí y me cuente que vivir es estupendo. Todos deberíamos poder tener a alguien así, aunque fuera una sola vez.

Enamorado de Peyote. Enamorado de sus patas zambas y su chiu-chiu-chiu. Cuando hace pis, del esfuerzo se vuelca hacia delante. Tengo que levantarle y limpiarle los restos de arena del hocico. Cada vez que sucede, tengo que sentarme unos minutos para recuperarme de la risa. Es lo más cómico que ha pisado esta casa con diferencia.

A las diez me ha llamado Ana-1 al trabajo para decirme que el pedogato maullaba sin parar y no le dejaba dormir. Yo le he dicho que tendría hambre y que le diera uno de los biberones preparados. Ella me ha dicho «Ya lo he hecho, pero lo rechaza todo el tiempo y ya lleva dos horas así…» Yo he preguntado: «Pero…le quitaste la tapa al biberón ¿verdad?» y ella ha dicho «¿La tapa? ¿qué tapa?». Yo, con las orejas un poco entre morado ensueño y fresa pasión, he añadido: «¿pero no has visto que no salía leche por la tetina?» y ella ha respondido «Hijo, yo que sé… ¿qué es la tetina?».

Estoy barajando la posibilidad de llevarme mañana el transportín al trabajo, aprovechando que estoy solo, y dejarle debajo de la mesa. Sólo come y duerme, duerme y come. ¿Qué podría pasar?

Vale. Se trata de mí, así que… Todo. Todo podría pasar. Hasta una invasión extraterrestre podría pasar.

Vuelvo a estar enfermo. Quizá por la bolsa de patatas fritas. O quizá por el sorbo de mojito. O quizá porque no logro dormir. Igual da. Hacía tiempo que no pasaba un fin de semana tan asqueroso. Sólo el minigato me salva. Por no tener, nisiquiera tengo marihuana (ni tendré). Me han llamado para que adelante mi vuelta al trabajo una semana porque mi compañero se ha roto la clavícula. Casi lo agradezco. Al menos mantendré la cabeza ocupada en algo y el cuerpo refrigerado. Mi jefe ha dicho que podía cogerme la semana que faltaba para octubre. «Seguro que te viene bien ¿eh? los jóvenes siempre tenéis algún concierto o algún viajecillo por ahí pendiente…»

Una po**a como una olla. Eso es lo que tengo yo para octubre. Por mí pueden seguir rompiéndose las clavículas en fila de a uno. Estoy dispuesto a sustituir a toda la empresa desde hoy hasta el 2025.

Creo que Pepe Tripi anda un poco celoso. Sólo eso explica que se suba a dormir en mis rodillas, cuando en el salón tenemos cerca de 38º C. A estas alturas del año debería estar espatarrado sobre las baldosas del baño. Claramente, anda un poco descolocado o echa de menos los cuchicuchis. Debería andarse con cuidado. Con el descoloque mental que llevo últimamente será fácil que un día de estos le enchufe a él el biberón y al enano le ponga los friskies. Hoy me he sorprendido tirando un calzoncillo a la basura y metiendo un brik usado en la lavadora. No sólo vuelvo a estar enfermo. También vuelvo a estar más perdido que un pulpo en un garaje.

Voy a cambiar la plantilla al blog. Espero acordarme de algo.