Feliz cumpleaños, Ana

Que cumplas muchos más y que siempre exista el momento de contarme que lo haces.

Hoy hemos comido en un vegetariano (Ariel dando argumentos al enemigo) de Malasaña que se llama la Isla del Tesoro. Desde que lo pisé por primera vez, supe que sería un sitio perfecto para comer con amor de por medio. Todo a tu alrededor se hace de cueva de piratas. Azules, oscuridad, sombras doradas… Y eso que resultaba arriesgado lo de llevar a J. a un vegetariano, porque él se cachondea de todo y a todo lo saca punta, pero esta vez no lo ha hecho. La comida estaba rica y picante. Es una sensación casi psicotrópica lo de comer cuscús de curry escuchando a J. explicarme el origen de los universos paralelos. Uno de esos minutos especiales que molaría doblar en cuatro y guardarse en la cartera para cuando llegara la hora de los momentos malos, incluso a pesar de que (como siempre) no he entendido ni una puñeta de lo que intentaba explicarme.
Después del curry, hemos ido a ver Avatar en 3D. No he parado de comportarme como me comporto cuando soy feliz. O sea… saltitos idiotas, verborrea incontrolable, entusiasmo agotador por las cosas más tontas… Exactamente como un papá noel colgado de prozac y echando un polvo subido en una montaña rusa (phoebe dixit). Así soy cuando soy feliz. Da asco estar conmigo si no llevas preparado un buen valium o una pistora de dardos tranquilizantes para ganado. Sea como fuere, J. ha permanecido firme y estable ante el neposubidón. Me ha regalado sonrisas, paciencia y su mano derecha cogida a mi izquierda.
Como no discutamos pronto por la nocilla, el mando de la tele o la tapa del wáter, terminaré encontrando sentido hasta a las canciones de Antonio Machín. Y daré más asco todavía.

Avatar en 3D es mejor que Avatar en 2D pero sigue siendo algo para ver y halepuesyaestá quepaselosiguiente. Leí en nosedónde que ha habido cantidad de personas que han entrado en depresión presuicidio después de ver la película, por no poder vivir en Pandora y en su ecosistema jipiperfecto inexistente. La raza humana es inexplicable. Si yo tuviera que vivir en Pandora con todo ese tomate de luces y ese colorín, creo que terminaría fácilmente con epilepsia hasta en el colon. Aunque bueno… no creo que me diera tiempo, porque en cuanto subiera a uno de esos arbolitos colgantes, me iba a dejar los 32 piños clavados 500 metros más abajo. Vamos… que conmigo de prota, la peli iba a ser de guión más bien cortito. Algo así como:
M’oat: Le llevarás contigo hija, y le enseñarás nuestras costumbres.
Neytiri: No puedo, madre. Se me ha escogorciao en uno de los barrancos, a la que veníamos.
Títulos de crédito y halayá.

Desde luego unos cuantos millones sí que les habría ahorrado, sí.

Mucho cuidado porque aquí huele a primavera…

Hoy desperté con un sueño eróticotierno. Un sueño eróticotierno y mucho más, porque yo formaba parte de un batallón terrorista que secuestraba un avión mejicano y que pasaba a toda la tripulación a cuchillo y metralleta. Y allí, entre sangre, tiros y muertos, yo estaba tan pichi guardando cadáveres debajo de los muebles (sí… era un avión con muebles. Es lo que tiene lo de estar dormido) y comiendo unos bombones de chocolate negro que, por otra parte, estaban deliciosos y no se terminaban nunca.
Bien pensado es curioso que de todo ese chocho de sueño, sólo me haya quedado con la parte eróticotierna. Debe ser que al fin y al cabo soy hombre y la testosterona manda.

En mi sueño eróticotierno mi partenaire ha sido completamente inusual, completamente sorprendente, completamente inesperado y con unas pestañas completamente perfectas. Ya ves tú. No sólo pongo muebles en los aviones. También pongo pestañas perfectas en aquellas escenas donde debería poner otro tipo de perfecciones mucho más carnales y mucho más prácticas. Tchsk… vale… puede que lo de la testosterona no sea un mandato, sino una democracia a pachas con algún que otro gramo de estrógeno. Será mejor admitirlo.

Sea como fuere, ahora ando ñoñosensible perdido. Creo que podría perfectamente ponerme tiernosobón hasta con el piolín de la warner que se me cruzara en un momento dado. Así que ahora mismo me pongo el bañador, me largo a la piscina y de ahí dentro no salgo hasta que no haya agotado el último músculo que tenga en el cuerpo, orejas incluídas.

Esta noche me quedo a ver los oscars hasta las 6:00h.

Yo solo, con mis dos kilos de palomitas.

En el fondo… muy en el fondo.. muy, muy en el fondo… me caigo bien.

Hubiéramos dormido mejor con un par de besos

Estas navidades me compré Qué Bello es Vivir porque todo el mundo decía que era una película preciosa para ver en Navidades. Y ponían mucha cara de emoción mientras decían que qué bonita era, que cuánto hacía llorar y que cómo hacía plantearse las cosas importantes de la vida.

No sé si la ví entera. Creo que no. Me pareció una idiotez.

Y también me lo pareció Juno. Y Ágora. Y no me río nada con muchachada nui, ni con José Mota. Y no sigo ninguna teleserie española. Ni tampoco creo que Avatar se merezca ningún oscar, salvo los tecnológicos, o que se inventen uno a la película más hortera. Porque por lo demás… un saco de malos actores, un guión previsible hecho de plagios de otros guiones y un desenlace bastante infantiloide.

Siempre intento que me guste lo que le gusta a todo el mundo. Siempre arrimo el hocico buscando ser parte del resto. Pero siempre, SIEMPRE termino siendo ese jodido tornillo que impepinablemente va a la contra, que nunca se logra apretar del todo y que siempre se suelta del gozne fastidiando el buen run-run de toda la maquinaria. Creo que debería meterme en alguna red social y crear algún tipo de clan. Algo como «grupo de personas que no sienten en grupo». O algo así.

Algo así.

Lo peor de todo es que nisiquiera me gusta. Quiero decir… Otros lo aprovechan como bandera y lo lucen con orgullo. Yo no.

A mí sólo me asusta.

Esto y nada más

Ayer fuí a mi tienda favorita a comprarme una mochila que no lograba encontrar por ningún lado. Mi tienda favorita hace esquina justo enfrente de los arcos de Moncloa y tiene paredes enteras hasta arriba, llenas de tesoros para mirar y tocar. Es una de esas tiendas que te enganchan los ojos desde la calle y de las que nunca sales sin comprar algo. Una tienda de Ali Babá.

No había mochilas, pero compré una bolsa bandolera que me valdrá igual. Tiene serigrafiada la cara de Woody Allen y una inscripción que dice «Thinkin’ about sex». Supongo que mi jefe morirá un poco mañana cuando me la vea en la oficina, pero a estas alturas de zapatillas converse y camisetas del pato lucas, ya poco me afecta. Lo único que me importa es llevar las manos libres. Soy muy maniático con lo de llevar las manos libres. Por eso no tengo paraguas ni me compro periódicos. Soy como los bebés. Si tengo algo en las manos, hay un 99% de posibilidades de que lo pierda o lo haga volar en un ataque de agobio. Un día de estos haré una lista de obsesiones idiotas de Ariel. Lo de las manos libres será la primera, y lo de pisarme el bajo de los pantalones, la última. Entremedias pondré los gatos pelirrojos, las ventanas cerradas, las multitudes, el viento, los paraguas, el olor a manzanilla, las chicas con las uñas pintadas…

He ido a llevar muffins de chocolate a J. Mientras él hablaba por teléfono con un cliente, he estado tocándole un poco las pelotas a Takhesi. Sigue sin salir de debajo de la banqueta. Se queda ahí quietecito y me dedica todo tipo de ruidos amenazadores cada vez que me acerco. Sssssssh… Sssssssh… ññññññggg… Aún así, el pobre no da nada de miedo, porque tiene los ojos más bonitos del mundo. Me gustaría poder asustarme y que él se saliera con la suya en su papel de gato terrible y amenazador, pero… lo veo difícil. Para mí es como si me bufara un peluche del rey león. Creo que hasta una suricata me impondría más respeto.

J. dice que yo soy igual que Takhesi porque también me asusto y me escondo de los extraños. Es cierto. Si sonara el timbre cuando estoy allí, también me molaría esconderme debajo de una banqueta hasta que se fuera la visita de turno. Presté mucha atención al tono del voz de J. cuando me lo decía porque no estaba seguro de si era una queja, pero lo dijo divertido y casi con ternura, así que por ahora seguiré siendo ratón de campo y buscando escondites.

Mola estar en esa franja de la relación en la que todo defecto nunca es tal.

Estoy haciendo tiempo para que empiece House

Mientras escribo esto me hago mucho, mucho, mucho pis. Y aquí estoy. En plan masoquista o en plan padre estricto: «Hasta que no termines el post, no meas. Y es mi última palabra.»

Estela me dijo que era la luna. Claro. La luna llena no le va nada bien a los que nacemos en Julio. Somos licántropos emocionales. Hoy he nadado cuatro largos de piscina antes de desayunar y me siento mucho, mucho mejor. Creo que he perdido las tonterías por entre el cloro y el speedo.

También estoy mejor porque J. y yo vimos anoche la última peli de los hermanos Cohen, con tequila, marihuana, palomitas con chocolate y nachos con queso. Armamos un buen batiburrillo entre el sofá del norte y el sofá del sur. No me había dado cuenta de lo mucho que encochino cuando como en el suelo. No entendimos muy bien la película pero nos reímos mucho.
J. y yo siempre nos reímos mucho. Y si no tenemos motivos, nos los inventamos sin ningún problema.

Cuando salí de su casa, el viento me volaba en cada cruce de calle, pero igualmente le llamé para darle las gracias por la peli y decirle que le quería. Siempre hago esas chorradas. Creo que si alguien lo hiciera conmigo algún día me sorprendería mucho, mucho.

Le he dicho a Ana que había estado viendo películas con mi pareja. Me ha sonado cantidad de raro decirlo. La lengua se me ha atascado un poco en la j. Como si no estuviese lo suficientemente entrenada como para soltarlo con naturalidad. Pareja. Pa-re-ja. Parejjjjjjj…a.

Tengo pareja. Qué cosas… Ya no puedo decir que no tengo nada. Con mis gatos hacen tres. Con el suyo hacemos cinco.

Ya soy familia numerosa.