Batidos de proteína y agua.

Bueno… pues aquí estoy solo otra vez. Apoyándome en nada. Confortándome con nada. Dueño del dolor constante, de un amuleto que no me ha protegido, y de las zapatillas más bonitas del mundo.

Y otra vez se me van las ganas de mantener esto abierto. Y otra vez se me van las ganas de mantenerme en pie.

Dos sobres de proteínas y una cocacola.

Sigue doliéndome el cuerpo. Dolor sordo, mesetario y constante. Intento acallarlo a base de seguir con mi rutina y no quejarme ante nadie. Trabajar me ayuda a no concentrar la cabeza sólo en lo que duele. Y menos mal que lo hace, porque los sindicatos de mi empresa han pactado en el nuevo convenio, que los tres primeros días de baja por enfermedades no laborales no se cobren. Estupendas noticias para los que no estamos sanos. El representante del sindicato colocó un cartel en el panel de avisos del cuarto del café. En el membrete ponía con enormes letras verdes: FASGA, SINDICATO INDEPENDIENTE. Debajo, con rotulador rojo, yo escribí: «y una polla como una olla».
Un tipo de selección de personal me felicitó esta mañana por lo del grafitti. No sé cómo demonios saben que he sido yo. Debe ser que las flicfloc han terminado por delatarme como elemento subersivo. Tendré que plantearme seriamente mudar mis pies a algo más formal y más desapercibido, como… no sé… unos calcetines con dedos.

Me duele todo. Todo.

Mh… vale, a ver… Se me duermen las manos. Se me hinchan los pies. Me duelen los huevos. Tengo una contractura en el hombro derecho. Estoy triste y me da bajón que Oscar Pérez se haya quedado para siempre colgado en una repisa a seis mil y pico metros de altura. Esperaba un final feliz de esos que nos devuelven la fe en la raza humana, el compañerismo, la supervivencia y bla, bla, bla… J. dice que Oscar Pérez no tiene más que lo que se buscó cuando le dió por subir hasta el último carajo helado del mundo en plan «voy a tope».
J. es frío como el prepucio de un pingüino cuando se pone a analizar el mundo exterior. Creo que es porque agota todas las reservas de emotividad sufriendo el mundo interior. Yo le digo que si él se quedara atrapado en el Latok, yo formaría parte del equipo de rescate, sin dudarlo. Él se ríe y me dice que puedo estar tranquilo, porque en cien vidas que viviera, no le encontrarían jamás mucho más arriba del cerro Garabitas.

Bueeeeeeeno… pues vale.

Menos dolores. Apatía y calor. I miss him so much.
Anoche me bebí una botella de cava. Y comí patatas fritas, tarta de chocolate, sushi y… helado de algo. Luego me quedé dormido. Al amanecer me desperté, vomité, bebí agua de vichy y me dí una ducha. Luego me tumbé sobre el colchón hasta que salió el sol. Esta mañana he hecho los ejercicios y me he purgado a base de sandía y queso fresco. Y ahora mismo lo cierto es que… me siento bien.
No sé cual es la conclusión de todo. Que quizá para salir de las crisis y volver a ver las cosas con perspectiva, hay que centrifugarse un poco. Sea como fuere, es verdad que me siento mejor. Y lo sé porque escucho a Lady Gaga mientras friego el desaguisado y bailo sobre mi pierna buena. Creo que, en realidad, tengo a un ganador chillando dentro de mí. Y creo que un día de estos… cualquier día de estos… debería sacarle a dar un paseíto.

Sashimi y agua.

He ido al hospital a llorar un poco de morfina, pero no ha habido suerte. La doctora me ha explicado que el dolor es un mero reflejo cerebral que puedo controlar. Yo la he escuchado intentando poner cara de andamiratú, pero me ha salido fatal. Lo cierto es que he oído esa frasecita ochocientas veces desde que enfermé, y siempre en boca de personas a las que no les dolía nada. Bueno, bien. Entiendo que la juerga de la morfina se terminó. Nolotil y chuto. Por ser yo, un par de dosis en ampollas; el resto cápsula de andar por casa. He hecho los ejercicios de respiración que me enseñaron. Tengo que autocontrolarme. No estoy en el mejor de mis momentos anímicos e imagino que todo influye. Tampoco hay mucha felicidad alrededor, que digamos. El que no está enfadado conmigo, esta decepcionado, furioso o las tres cosas a la vez. Imposible no pasarme el día recogiéndome la autoestima de alrededor de los tobillos.