Menos dolores. Apatía y calor. I miss him so much.
Anoche me bebí una botella de cava. Y comí patatas fritas, tarta de chocolate, sushi y… helado de algo. Luego me quedé dormido. Al amanecer me desperté, vomité, bebí agua de vichy y me dí una ducha. Luego me tumbé sobre el colchón hasta que salió el sol. Esta mañana he hecho los ejercicios y me he purgado a base de sandía y queso fresco. Y ahora mismo lo cierto es que… me siento bien.
No sé cual es la conclusión de todo. Que quizá para salir de las crisis y volver a ver las cosas con perspectiva, hay que centrifugarse un poco. Sea como fuere, es verdad que me siento mejor. Y lo sé porque escucho a Lady Gaga mientras friego el desaguisado y bailo sobre mi pierna buena. Creo que, en realidad, tengo a un ganador chillando dentro de mí. Y creo que un día de estos… cualquier día de estos… debería sacarle a dar un paseíto.

Sashimi y agua.

He ido al hospital a llorar un poco de morfina, pero no ha habido suerte. La doctora me ha explicado que el dolor es un mero reflejo cerebral que puedo controlar. Yo la he escuchado intentando poner cara de andamiratú, pero me ha salido fatal. Lo cierto es que he oído esa frasecita ochocientas veces desde que enfermé, y siempre en boca de personas a las que no les dolía nada. Bueno, bien. Entiendo que la juerga de la morfina se terminó. Nolotil y chuto. Por ser yo, un par de dosis en ampollas; el resto cápsula de andar por casa. He hecho los ejercicios de respiración que me enseñaron. Tengo que autocontrolarme. No estoy en el mejor de mis momentos anímicos e imagino que todo influye. Tampoco hay mucha felicidad alrededor, que digamos. El que no está enfadado conmigo, esta decepcionado, furioso o las tres cosas a la vez. Imposible no pasarme el día recogiéndome la autoestima de alrededor de los tobillos.

Agua. Y nada más.

Dolor desde hace dos días. Dolor que no me deja dormir. Dolor constante y dulce desde el interior del hueso. Quiero tener a alguien a quién contárselo. Quiero decirle a alguien que no soporto más el dolor y que todo esto es injusto. Que estoy cansado de que sea tan difícil tirar hacia delante, y tan fácil dejarme arrastrar hacia atrás. Quiero dar un puñetazo en la mesa y llorar y autocompaderme, como hacen todos a mi alrededor. Quiero dejar de hacerme el fuerte, y el gracioso y hundirme, como el resto del mundo, en mi propia mierda.

Pues no me acuerdo. Un poco de algo porque llevo todo el día con dolores que no me dejan pensar mucho.

Bueno. Hoy menos comeduras de tarro y más dolor. Mañana habrá lluvia de perseidas. Me gustaría tener a alguien que me subiera al Puerto de Navacerrada a verlas. Por más que he tirado noches de agosto en pos de las perseidas, jamás he visto una. Nunca. Pienso que según la ley cósmica de la compensación, este año debería verlas caer a cientos sobre mis narices, para hacerme un rosario de deseos por cumplir. El primero sería la pierna. El segundo el libro. El tercero mi economía. El cuarto…
Vale. Es mentira. El primero serías tú. El segundo, tú. El tercero, tú. El cuarto, tú. Y a partir de ahí podríamos ir aplicando la misma regla desde el quinto hasta el infinito. No sé si pillas el concepto… Ah, no… calla… Olvidaba que no me lees.

Macarrones y ensalada de mar, que no tenía nada de ensalada, ni de mar. Sin dolores, ni parches. Aleluya.
No me gusta escribir esto. Hoy no encuentro la diferencia entre catarsis y autocompasión, y me vuelven las dudas. Quizá debería terminar aquí. O dar al botón del pause y dejar la imagen congelada unas cuantas semanas.
Sabía que me ocurriría al llegar a este punto. Una mierda esto de conocerme tanto y tan bien…

Tengo que pensar en ello.